Los Un·e·s contra los otros (2024)

Los Un·e·s contra los otros (2024)

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Los Un·e·s contra los otros

 

Publicado en internet, abril de 2024.

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Los/las menores podrían ser privados/as de la transición de sexo/género en Francia, si ocurriera que el Parlamento siguiera a un buen número de sus miembros en su fantasía de omnipotencia para legislar sobre las cuestiones del sexo, alentados por algunos/as.

¿Quiénes? ¿Quiénes? Parlamentarios, psicoanalistas y algunos/as.

Con un vals de argumentos indignos de la ética clínica más fundamental, puesto que se trata exactamente de una negativa caracterizada a acoger y escuchar la vida de algunos otros.

 

Señalemos de paso que estas propuestas están motivadas desde hace varios años por un trabajo de lobby que no tiene nada que envidiar a los movimientos de lucha por la igualdad de derechos y una justa consideración de las necesidades subjetivas y sociales, salvo quizá la ética. No solo encontramos en ello los signos de una transfobia ordinaria y sistémica, sino también la defensa de la psiquiatría infantil, de la que muchos/as profesionales se han dejado convencer de que su falta de medios, problemática, debía valorarse a la altura de los destinados a la acogida y el acompañamiento de los/las menores que vienen a cuestionar su lugar y su función en el paisaje sexual. La anticonvergencia de las luchas sigue operando en múltiples divisiones: por mucho que lo sepamos, aun así nos la cuelan.

 

Hay que retomar, pues, dos o tres pequeñas cosas para impugnar el enfoque que les ocupa, en su fondo, donde se deja leer una incomprensión tenaz de los avances psicoanalíticos de los años 1970, mientras que ya estamos en 2024: cuando se atasca, se atasca durante mucho tiempo, ¡se resiste!

 

Opongo, en una frase, a sus múltiples argumentos que cuestionan la evidencia clínica e incluso la estadística, que el ser sexuado·e, aun autorizándose solo por sí mismo/a, no deja de autorizarse por algunos otros.

 

¿De dónde sale esto? De un eco, en el presente, de Lacan de hace cincuenta y sesenta años, revisado en transpectiva, no sin la sexuación, en apoyo de la experiencia psicoanalítica actual (la que tiene lugar cada día, en cada sesión).

 

Vuelta a Lacan

Sobre el analista, a comienzos de los años 1970, Jacques dijo que solo se autoriza por sí mismo (véase la sesión del 9 de abril de 1974, Les non-dupes errent). A lo cual amplió el sujeto para incluir en ello al ser sexuado, alentado por la experiencia de La Passe en su Escuela. Después de lo cual queda claro que el ser sexuado, como el analista, sin comparación, solo se autoriza por sí mismo y por algunos otros. Y que más tarde ampliará aún más, anticipando nuestra formulación actualizada de arriba, mediante este anudamiento del sí mismo con los algunos otros, no como una suma ni una acumulación, sino como un anudamiento que equilibra el reto del ser sexuado·e de funcionar en el paisaje sexual ordinario, no autorizado/a por su sola iniciativa ni solo por otros, sino desde un extremo de lo real del sexo, fundador de un acto para decir del sexo lo que no es de nadie: lo que hace nudo para todes, a condición de encontrar las condiciones favorables a su creación para todes.

¿Qué quiere decir esto?

Primer punto. Qué hacer frente a su sexo, para el ser hablante, procede de un acto. Un acto por el cual el Falo opera en su defecto para todes, como significante faltante (en tanto que él mismo carece de significado y es así ejemplar de la significación pura, sustrato de la creatividad y de la soportabilidad lingüística). Guiado/a en este asunto, el/la sujeto lo está en esta tarea por el inconsciente o por su síntoma. Dicho de otro modo, el/la sujeto dice de qué está fundado/a más allá, más acá, más allá de la afirmación visible del enunciado: lo que hace verdad por su enunciación.

Sí, esto parece muy complejo a primera vista. Es que se trata nada menos que de atravesar un fragmento de fantasma, entre ellos el de la diferencia de los sexos, y que, ante eso, los analistas lo saben (esperemos), incluso la Odisea de Ulises pasa por un paseo de salud.

 

Primer punto. Como el analista, orientémonos. Que haya de analista nunca dice que haya uno/a, precisa Jacques. Y que, al autorizarse, lo de analista no puede serlo de otra cosa que de sí mismo (desde sí mismo, y no en tanto que), salvo creérselo, tomarse por (callejón sin salida narcisista). Así, el analista, visto por la sexuación avanzada de Lacan contemporánea de estas elaboraciones, se sitúa del «lado» del no-todo fálico, donde la excepción regia del Padre «lado» fálico (en lugar de excepción exclusiva de un todo-fálico dictatorial) no impide este anudamiento bipolar necesario para que lo de analista o lo de ser sexuado·e se autorice a la manera de Lacan (ni solo performativa, ni solo en acto, ni solo dialéctica, ni solo sintomática).

Segundo punto. Como el hombre o la mujer. Que haya de hombre o de mujer nunca dice que haya uno/a. Aún hace falta, para el/la sujeto, decirlo, y con ello fundar, más allá de su síntoma, la verdad subjetiva que le compromete con esta autorización complejizada de un acto singularmente autónomo en el que no está solo/a para decidirlo; donde la decisión del deseo no tiene por qué encontrarse con la censura orquestada por quienes le exceden más allá de su soledad. La autorización de sí mismo y la decisión ligada no se confunden con una autorización de algunos/as en detrimento del auxilio necesario de algunos otros.

Así pues, como el analista, el ser sexuado·e solo es entendido y dejado ser (no dejado de ser) en un territorio de escucha desaturada de los síntomas sexuales que entorpecen al individuo. Este anudamiento es delicado; implica que el inconsciente sea tenido en cuenta, ampliamente, profundamente. De lo contrario, un/a analista puede autorizarse por su reflejo, donde su yo-mismo aplasta el sí mismo— siempre extraído del cuerpo del otro (véase, en la experiencia de La Passe, cómo el pasante puede recoger del cuerpo de los/las pasadores/as ese sí mismo en el que se funda para elegir la función).

Dicho de otro modo, reconocerse a sí mismo analista, como hombre o mujer, no es estar a la escucha de un inconsciente solo sintomático. Si eso hubiera prosperado, entonces solo habría habido hombres capaces de hacerse analistas. Pero no es el caso, puesto que las primeras practicantes del psicoanálisis, en el momento de inventarse, fueron mujeres histéricas, seguidas desde entonces por una inmensidad de mujeres analistas a las que el Psicoanálisis debe el todo, en el sentido de la pretensión fálica excesiva del hombre en tiempos de patriarcado.

¿Habría sido pertinente para una humanidad fundada bisexualemente? Por supuesto que no.

¿Estamos libres del riesgo de esta jerarquía invisible? No, todavía no: que un/a homosexual/trans pueda practicar el análisis como analista sigue sin darse por sentado, precisamente allí donde la exclusividad del Padre a preservar puede alimentar ciertas exclusiones del individuo marica, lesbiana o trans de la función reservada a quienes, entre las minorías, son capaces de imitar y adoptar las mismas defensas. Sin embargo, hubo muchas mujeres que llegaron a ser analistas, pero ¿de qué género? ¿Del género no-todo? No siempre… (y eso es perjudicial, tanto para hombres como para mujeres, llegar a ser analista evitando el no-todo, la única opción sostenible para el analista, sea quien sea).

¿Qué esperar? Que lo de analista, como lo de hombre o lo de mujer, solo se autorice por sí mismo/a, y no sin algunos otros, liberados/as del fantasma donde el síntoma se desalteriza.

 

La Passe está por todas partes, donde el género ha abierto camino

Mujeres y hombres (por ejemplo, parlamentarios y psicoanalistas) se autorizan a sí mismos para decir que otros distintos de ellos no tendrían derecho a decir lo que no son a los ojos de unos/as, apoyándose en algunos otros para decir ese ser.

Esta prohibición elemental hecha a esos seres de acceder y proceder, a la manera de Lacan, para anudar su sexuación a la verdad del/de la sujeto que sabe no saber, a la inversa de quienes se autorizan a sí mismos en nombre de su síntoma, expresa un deseo mórbido: uno de los que circulan entre los hombres, las mujeres, los analistas tan seguros de sí mismos en nombre de un sexo (el asignado por el Otro parental) como de un psicoanalista (aquel que Lacan sigue siendo para algunos/as, un Otro).

 

Los/las niños/as y adolescentes transgénero se toman muy en serio lo que la experiencia psicoanalítica sabe que algunos/as psicoanalistas aún se niegan a oír y a leer en los matices sutiles de su maestro de antaño.

¿Por qué, entonces, entienden que en las demandas de esos/as niños/as/adolescentes no habría más que una autorización falaz por estar fundada en una alienación mórbida al Otro, de la que ellos y ellas sufren en primer lugar, según toda probabilidad? ¿Acaso, de analistas como de hombre o de mujer, han de sufrir todavía una autorización mellada por una legitimidad imaginaria extraída, no del sí mismo no especular, sino del yo-yo especular del reconocimiento de algunos/as (por tanto, los mismos) más que de algunos otros (por tanto, ellos/as mismos/as)?

Los/las niños/as y adolescentes transgénero acogidos/as, escuchados/as, acompañados/as, sostenidos/as, atendidos/as son desde hace varios años la prueba de una extensión de esta autorización fundada en el inconsciente, donde la enunciación, minuciosamente desprendida de la demasiado segura de sí misma del entre-nosotros-mismos de los unos/as que rechazan a los otros, invita a nuestros inconscientes. Ellos/as son una actualidad de La Passe en acto que nos vuelve desde la realidad ordinaria, y así el género da testimonio, según mi interpretación, de un retorno del saber sobre lo sexual que el psicoanálisis ha puesto en circulación.

Así, a partir de la experiencia de La Passe introducida por Lacan en el campo psicoanalítico, encontramos hoy, en 2024, algunas materias de saber sobre el sexo, por mediación de la disputa instaurada por nuestros/as sucesores/as (las generaciones jóvenes) con rasgos trans, como auténticos/as pasantes que depositan ante los/las pasadores/as, hacia el cártel de pase, lo que podemos aceptar ser elaborando fragmentos de saber sobre lo sexual y la autorización del ser sexuado·e, como ocurre con el analista. Los dispositivos de atención a niños/as y adolescentes trans son, a condición de un deseo de análisis suficiente, verdaderos dispositivos de pase a su manera. Pese a quienes se autorizan a sí mismos, en el reflejo de los yoes confirmados a su imagen, la exigencia hecha al analista de no retroceder ante lo real, única dimensión capaz de tratar lo simbólico para hacerlo avanzar.

Manera de subrayar, a posteriori, lo que en la experiencia de La Passe pudo, en muchas ocasiones, hacer fallar el proyecto inicial para pervertirlo en una máquina de triturar el saber por venir, a fin de garantizar el conocimiento de algunas suficiencias con formas de unos/as en detrimento de los otros.

 

A los/las algunos/as que no quieren a los otros

El ser sexuado·e, aun autorizándose solo por sí mismo/a, no deja de autorizarse por algunos otros.

Usted decide rechazar este saber, y sabe quién es, y sabe lo que defiende en esta vía subjetivamente determinada no por el inconsciente, sino por la idea que se hace de él, el inconsciente como concepto/teoría. Pesa demasiado para sus bolsillos ya bien llenos, así que lo divide en dos y prefiere la parte que le autoriza a prohibir. Pensar en ello es vertiginoso. Y lo que la experiencia analítica nos ha enseñado, entre lo esencial de su aportación, es sencillamente despreciado, de manera idéntica o casi a los rechazos de saber que han generado desde hace más de cincuenta años los desvíos políticos más abyectos de la experiencia del pase.

Vea, pues, hasta qué punto el iel tan criticado constituye, en el umbral de su resistencia, una oportunidad tan fuerte como la de la constitución psíquica bisexual. Si aceptara seguir su curso, donde iel relanza el Falo al discurso y saca a la luz, disponible para cualquiera, la verdad de la ambivalencia sexual del ser hablante contra el hábito imaginario de una sexuación despreciada por su apetencia de hacer sostener lo insostenible, de recubrir lo real con su imaginario solo especular, sabría un poco más, con Lacan y Freud sin compromiso, tal como le place asegurar una filiación insensata, acerca de lo sexual que todavía no es el sexo, ni el género, ni el ser que se reconoce uno/a por sí mismo/a, sino que, más auténticamente, no se autoriza sin los otros.

 

Imagine a Circe encontrándose con Freud en un jardín fabuloso. Sueñe su coloquio, su conversación. No hay otras opciones para quien quiere, pretende, tomarse en serio la propuesta lacaniana sobre el ser sexuado·e y el analista.

El inconsciente le dirá qué es del ser para el sexo. Agudice el oído. Y hasta entonces, hable más bajo: tenemos tanto que escuchar que no finge como usted lo hace.

Porque al impugnar la proposición identificada por los efectos del sí mismo así considerado, usted corre el riesgo loco, peligroso, mortífero de impedir que se descongele la palabra del/de la analizante, que sea trans por tanto otro, no solo uno/a, ni siquiera como los otros antes que él/ella: que usted parece querer hacer sostener cueste lo que cueste paraotros solamente.

 

Después de Lacan

Desde la formulación de la sexuación por Lacan, que describe la verdad de las articulaciones ineludibles del comercio sexual de los seres hablantes, las cosas han cambiado. El campo de lo imposible se ha modificado y, con él, la contingencia, lo posible y lo necesario han mutado, evolucionado, progresado.

 

Las antiguas comprensiones, formulables, por ejemplo, en La mujer no existe, la mujer solo encuentra a un hombre en la locura, etc., deben completarse para dar cuenta de lo que ha seguido transformándose: la libido y sus metamorfosis infinitas.

 

Lacan pudo revolucionar el Falo planteado por Freud al invertir la comprensión edípica del deseo y de su objeto. Donde pudo, y no es poca cosa, hacer de dicho Falo el significante faltante por ser él mismo faltante de significado, y él mismo aún (en cuerpo y en objeto) significado del goce. Hemos aprovechado la oportunidad de las distinciones entre el Falo imaginario y el Falo simbólico, y nos hemos quedado a medias, ineludiblemente, ante lo imposible real del Falo, que solo opera forcluido.

La invitación de Lacan a pensar el no-todo fálico es increíble y feliz: no solo un descubrimiento, sino una justicia hecha a la vida sexual de los seres hablantes que le eran contemporáneos. Sin renunciar a la invitación anterior, freudiana, de sostener el lenguaje en su más alto grado de auxilio para los seres humanos en su apaño sexual, donde han de apañárselas con el embrollo insoluble, el enigma de lo sexual, tal como nuestra condición de seres hablantes precisa las cualidades de nuestra condición humana. Hasta el punto de que algunos/as creen queer o casi, sin por ello desprenderse de los arcanos fantasmáticos de su antropía dominadora (no necesariamente siempre dominante, por tanto).

 

He podido añadir a las fórmulas de la sexuación propuestas por Lacan una introducción, o más bien una reintroducción, de la oportunidad perversa (mantenida en la sombra) colocando un punzón entre el Sujeto y el objeto a en la parte inferior del cuadro llamado de la sexuación. Esto para no omitir, cuestión contemporánea para los/las seguidores/as de Lacan, es decir, nosotros/as, la prohibición del incesto y, por tanto, la causa de los niños: manera de dar cuenta del acontecimiento MeToo y sus afluentes.

Esto permitió abrir el señalamiento borromeo del sexo y del género al del objeto a, del Falo y de la sexuación, en apoyo de la clínica del género en psicoanálisis.

Y más allá, dejar concebir desde lo real impenetrable en sus efectos la a-sexuación, llamada Discurso trans.

Discurso trans o de la a-sexuación

Y sus consecuencias,

La a-sexuación

Todo esto se despliega en el texto « Chifoumi… » donde se deja apreciar la exploración de los efectos y consecuencias de la versión hacia el padre propuesta por Lacan para la perversión. El no-todo ocupa allí el «lugar» de lo imposible en excepción, y reabre a los posibles lo contingente demasiado condicionado en tiempos de patriarcado, etc.

 

El diálogo de las versiones, o más bien de las vertientes, tal como hemos podido explorarlas a partir del nudo borromeo en sus vertientes dextrógira y levógira, hace audible y casi visible lo que no lo era antes del advenimiento pos-lacaniano del género. Instante de ver, de darse cuenta de que su ascensión irresistible se ha producido, para los psicoanalistas desde 1980, sin él, sin Lacan, sin el género que Lacan hacía sostener por cuenta de algunos/as.

 

Como prolongación, hoy es posible formular lo siguiente.

 

Nadie se encuentra con un hombre o una mujer en tanto que hombre o mujer él/ella mismo/a, ni siquiera como sujeto, sino en tanto que a/Otro de lo sexual para ese/a otro/a.

Así, no es al otro a quien se encuentra como tal, sino a él/ella que nos encuentra como a/Otro de lo sexual a favor del él/ella mismo/a con el que se hace ser sexuado·e en el paisaje sexual, y recíprocamente. Somos encontrados/as por él/ella (el/la a/Otro de lo sexual) en tanto que hombre o mujer, o hombre trans o mujer trans o no binario, por ejemplo, pero no lo/la encontramos en sentido inverso, donde no hay relación, ni siquiera en los títulos sexuados, solo como otro (el pequeño o el grande).

 

Dos opciones, dos vertientes:

  • autro de lo sexual = la a-sexuación
  • Otro de lo sexual = la sexuación

 

a/Otro de lo sexual, a quien conviene no atribuir ni demasiado fuerte, ni demasiado rápido, ni un sexo, ni un género, ni una raza, ni una clase que no hay en el sujeto, salvo tomarlo/a por un individuo solamente, tontamente, y soltar de entrada que del sujeto del inconsciente apuntamos al advenimiento en la cura.

Tan enigmático/a como el campo del que se hace embajador/a. Este/a a/Otro se sustrae a sí mismo/a en el momento del encuentro, interpelado/a por el hombre, la mujer, el hombre trans, la mujer trans, la persona no binaria que se le presenta sin saber ni poder encontrarlo/la en una relación sexual, sino una relación de género que hay, en ese lugar, no todavía un tiempo, solo un espacio donde se revela la imposibilidad y la incongruencia de la intersubjetividad. Porque no hay dos sujetos que se encuentren en el encuentro potencialmente sexual, sino un/a sujeto encontrado/a, en tanto que a/Otro de lo sexual por uno/a en lugar de otros: como ocurre en el coloquio analítico y en la posibilidad lógica de una cura psicoanalítica, la analogía no es casual.

 

Dos opciones que cohabitan en este tiempo presente en el que el declive del Padre prosigue y sigue abriendo lo que retenía en exclusiva. Donde los/las niños/as y adolescentes trans dan testimonio, sin saberlo, de un atravesamiento del fantasma válido para otros distintos de ellos/as, que, sin embargo, han permanecido sordos/as a su enunciación no-toda fálica y fuera-del-falo, que algunos/as Un·e·s mantienen como sustituto de la exclusividad paterna de la que se han fundado para ser analistas en nombre de un Otro, donde, sin embargo, puede no haber más que otros con quienes seguir inventando lo que el saber aún no sabe que puede no rechazar, salvo seguir defendiéndose de ello, incluso en el cuerpo.