Complemento a la Teoría sexual (1): la a-sexuación (2024)

Complemento a la Teoría sexual (1): la a-sexuación (2024)

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Complemento a la Teoría sexual (1): la a-sexuación

 

Publicado en internet, octubre de 2024.

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Se trata, en este texto, de introducir la elaboración psicoanalítica a un complemento de la Teoría sexual adquirida hasta la fecha. Esto apoyándose en los resultados, clínicos primero, conceptuales después, de la última perversión, hasta la fecha, la perversión de lo fálico, que viene a responder, cuarenta y ocho años más tarde, al pesar de Lacan ante la ineficacia del Psicoanálisis para crear una nueva perversión. Bastaba con esperar, y no perder el hilo de la experiencia psicoanalítica lo más cerca posible de las formaciones del inconsciente, para aprovechar un paso esperado de la exclusiva necesaria del mundo patriarcal a la inclusiva necesaria del mundo de después. He aquí una introducción. El conjunto es aceptable, conceptualmente, tanto como eficaz, clínicamente, si se acepta seguir la letra lacaniana al rastro, y no ya el rastro de Lacan a la letra.

 

La sexuación lacaniana merece nuestro interés, más aún ahora que en el tiempo de la escritura de las fórmulas de la sexuación. Lo que ha continuado evolucionando desde los años 1970, en la vida de unos y otras, en las prácticas y en las teorías ha generado y nutre todavía numerosas actualizaciones, verdaderos updates en todos los sentidos de la vida sexual, a propósito de las sexualidades que nos ponen a prueba. Porque el saber inconsciente ligado a la sexuación no cesa de aparecer donde toma forma nueva ante nuestros ojos, y donde empuja el sentido en sus atrincheramientos normativos.

 

El Falo, que hay que nombrar sin esperar, puesto que sigue estando en el centro de las preocupaciones conceptuales contemporáneas, genera mil apreciaciones, divisiones e incomprensiones tenaces de las cuales hay que retener antes que cualquier otra cosa, para cada una de ellas, la oportunidad de una elaboración teórica atornillada sobre la reinvención perpetua del psicoanálisis, fuera de herencia. Escribo Elle para el Falo, puesto que es el único pronombre, y significante amo muy reciente capaz de ilustrar la constitución psíquica bisexual de los seres-hablantes donde elle capitona una suma así significada, demasiado tiempo dejada a la deriva de nuestras palabras más divididas aún que los sujetos que somos. Uno de los raros significantes nuevos de nuestro tiempo que, y es ahí donde le reconocemos sus razones, no retrocede ante la bisexualidad que es el inconsciente mismo de no ser solamente bisexual.

 

Lo fálico, en cuanto a él, parece haber sido, bastante a menudo, relegado a la sombra de su embajador demasiado visible que sufre, donde insiste, de su afiliación imaginaria al objeto que no es, pero que produce sin embargo ciertos efectos justificando el empleo de este significante «falo» haciendo inevitable, en cada una de sus ocurrencias, la trampa subjetiva que suscita donde nuestra confusión lo arrastra en sus trastornos. Una trampa discursiva que nos enseña todavía si aceptamos aún retorcer la lengua para lograrlo, que la aprehensión de lo fálico y sus apuestas permite alcanzar sin ignorar exageradamente las componendas imaginarias encargadas de sostenernos en los bordes de ciertas fallas de la experiencia del saber, y la de la falta nutricia del deseo.

 

Hipótesis y proposición

Para poner en movimiento estas nociones, en mi bricolaje de pensamientos, he propuesto avanzar sobre la pista de la a-sexuación. Una sexuación llamada «fuera-Falo» para la ocasión, capaz de dar cuenta de las experiencias sexuales y analíticas en curso, así como de someter a la cuestión ciertas proposiciones conceptuales históricas y sus interpretaciones consecuentes («lado hombre versus lado mujer», «femenino versus masculino», y otras, como tantas variaciones erróneas respecto a las formaciones del inconsciente).

 

¿Cuál es mi hipótesis? La a-sexuación es una sexuación que se aleja y se protege de las trabas de la sexuación lacaniana: no tanto por lo que es estrictamente (la sexuación lacaniana), sino por lo que continúa siendo desmentido, no reconocido, mal interpretado y sobre todo mal repetido; en lo que la sexuación hace su efecto, sus efectos más allá de su formulación en escrituras. Por lo mismo, se trata con la a-sexuación de aliviar lo que, en el embrollo interpretativo que reina a su propósito desde hace más de cuarenta años, impide a lo imaginario la puesta en forma de lo real del sexo (en particular el material no-especular tan determinante de la sexuación, cuyas percepciones singularmente) en el camino del sentido cuyo tratamiento es exigido por la experiencia.

Porque las minorías sexuales de la norma cultural dominante no han cesado de avanzar, en particular desde los años 1960, hacia nuevas posibilidades de vivir con y en medio de los demás (a pesar de lo que digan los furiosos acusadores de separatismo anti-universalismo y otras tonterías), incluso han acentuado, en este sentido, sus proposiciones y sus iniciativas: son visibles en los movimientos de lucha por la igualdad de derechos en sentido amplio, en particular los derechos homosexuales, la lucha contra las violencias sexuales y sexistas, los feminismos convergentes o no sobre ciertas líneas de frente interseccionales o identitarias. ¿Hacia qué objetivo? El común a todos los seres-hablantes: compensar la ausencia de toda norma sexual por convenciones sociales (normas) que soporten el deseo y, es una novedad moderna, apreciar la diversidad, mejor de lo que se ha producido en el pasado. Hacer las vidas invivibles más vivibles, así como conviene resumir si es necesario el hilo conductor de estas innovaciones socioculturales, porque sexuales en primer lugar, que se esfuerzan por obrar en el mantenimiento de lo común de la experiencia sexual de todos cuando hace lazo sin alienaciones y/o apartamientos exagerados.

Tiene ventajas, la a-sexuación, y también inconvenientes puesto que es una modalidad de sexuación, por tanto imperfecta para la homogeneización de todos (idealizada por algunos bajo el reino del Universalismo a la antigua).

 

El sexo, secare en su raíz latina, divide a los seres que no existen sin los demás, hagan lo que hagan. La sexuación, que baraja las cartas y le impide (al sexo) alcanzar ninguna estabilidad subjetiva para nadie, no escapa a sus propios defectos todas las veces que un enunciado pretende hacerla hablar para decir lo verdadero. La sexuación no habla, muestra el punto de lo imposible relación, la de la relación sexual que no hay entre los sexos tal que pueda escribirse; distintamente de la relación de género que sí se escribe, novedad muy apreciable cuyas matices habría que presentar en otras páginas que estas.

 

La sexuación lleva en ella la necesidad de esta discriminación, en el sentido literal de la distinción cuyas exageraciones excluyentes y/o criminales son percibidas regularmente, y la de la existencia del sujeto en el paisaje sexual general.

La a-sexuación vive bajo el mismo régimen desde este punto de vista. Participa en el tratamiento de la cultura, la adquirida por el esfuerzo de civilización continuo, la afectada de un malestar que la funda —no que la debilita como quieren creer ciertas pretensiones conservadoras de un pasado cosificado en la fantasía— de donde compromete la división del sujeto de lo real al significante vía la forma. Testimonia en teoría de las actualidades sexuales que exponen sus tentativas de acondicionamiento de las normas culturales para hacerlas más vivibles, y pica en lo vivo las interpretaciones abusivas, demasiado confortables de la mayoría normada a propósito de la sexuación enunciada por Lacan. Puede ser una manera de seguir al rastro y a la letra lo que estas actualidades ilustran en el presente, a saber maneras de prescindir del Nombre-del-padre con la condición de servirse de él : manera de decir «fuera-Falo», pero no sin lo fálico (fórmula aquí preferida a su equivalente «sin el Falo», pero no fuera de lo fálico, para mantener el efecto de trastorno subjetivo por la interpelación significante de dicho «Falo», dicho de otro modo el efecto de significado, y en el caso del Falo la significación misma).

 

Si la emergencia del psicoanálisis en el cambio del siglo XX fue una oportunidad para pensar la entrada de nuestra civilización en una era liberal ultra violenta asociada al declive del padre y las reacciones sintomatológicas que este inicio ha conllevado, no lo provocó, sino que lo acompañó en las primicias de su caída potencial (no efectiva hasta la fecha), preocupado por elucidar los motivos susceptibles de ser confortados en numerosas reacciones donde el saber rechazado haciendo retorno ha explotado en la realidad y en los cuerpos, por los efectos de una dinámica subjetiva conservadora y patológica (las guerras mundiales y locales, el rechazo de la descolonización, el rechazo de la ambigüedad sexual, etc.).

Freud el primero descubrió que saber no basta sin la ética que falta a numerosos saberes desnaturalizados en simples conocimientos. Sobre la agresividad supo decir el carácter insuperable de las fijaciones subjetivas elevadas en identidad, lo biológico haciendo roca tiene sus razones que el animal humano puede, o no, emprender llevar al saber si se considera como sujeto del inconsciente. Sobre el primado del falo, nos ha mostrado un camino, el de la articulación del deseo, así nombrado después de él, como metáfora perpetua de lo que no se agotará de la significación del sujeto por sí mismo.

A lo que Lacan ha propuesto sus avances, entre ellos notablemente el de haber captado el movimiento metonímico del deseo, completando el alcance metafórico freudiano. Se sigue que el Falo desde entonces se aprehende en los tres registros: en lo simbólico significante del goce, en lo imaginario como significado, y en lo real como el goce sexual así deducido.

Ambos han indicado específicamente de qué maneras nada autoriza a pensar la oportunidad de su fijeza, sino todo lo contrario su plasticidad tridimensional que no permite pensarlo desde una sola de ellas.

Después de ellos pueden considerarse diversas subversiones suplementarias, quizás complementarias, actuando en favor de un paso más en la elucidación de las formaciones del inconsciente y del enigma de lo sexual. Esto apoyándose en una proposición que hace zócalo entre numerosas elaboraciones teóricas más allá de estos dos hombres teóricos, entre ellas las de mujeres psicoanalistas tales como Klein, Horney o Brierley: pensar la economía del deseo con la necesidad y la contingencia, la forma y la materia, y otras dialécticas que un operador al menos debe lógicamente pervertir para descompletarlas y generar el inicio del movimiento libidinal más allá de lo genital por el tamiz de las estructuras de los discursos. Esta posición de excepción, de la cual se desprenden la exclusiva y el inicio, cualidades del Falo, ha tomado los rasgos, por el padre reconocido en la función que lo supera, de la función paterna sostenida por la efectividad del mito (Tótem y tabú), luego del significante del goce por el falo simbólico identificado a la falta del Otro cuyo goce está forcluido .

la sexuación (Lacan)

Después de todos ellos puede considerarse otra necesidad, así como demostrada por los psicoanalistas del siglo pasado, que pueda desprenderse más ampliamente del imaginario paternalista habiendo constituido, históricamente, el telar sobre el cual han sido tejidas nuestras elaboraciones, modulando la exclusiva necesaria puesta en primer plano por Lacan del al-menos uno que escapa a la función fálica (a la función de la castración), para preferirle, ahora, la necesidad de un despegue para todos del campo del tener del cual se desprende tanto mejor la cuantía del ser-hablante ante la falta. Esta necesidad puede ser formulada en adelante, en lugar del al-menos uno, por cada uno no-es-todo. Esto corresponde, literalmente, a pasar de la exclusiva necesaria del Padre de la horda a mi proposición actual que puedo llamar la inclusiva necesaria. Tiene la ventaja de no apoyarse en el imaginario patriarcal de antaño, ni en el de un hipotético matriarcado, sino en una perspectiva esclarecida, woke o aware, de la falta en ser para todos-unos ante la intermitencia del tener de algunos otros. Aislarlo, hoy, es un efecto notorio de la apertura epicena, contemporánea, de las escrituras inclusivas ofreciéndonos desde hace poco el medio de retorcer la lengua más donde nos enseña un poco más, un poco mejor sobre las consecuencias de la bisexualidad que es el inconsciente.

Al hacerlo, esto equivale, después de Freud y el «primado del falo» instalando una disimetría radical entre los sexos desde su referencia común (el falo), y a continuación de Lacan habiéndolo precisado haciendo de dicho Falo el significante del deseo —descompletando así el triángulo edípico histórico por el efecto «de la significación misma» que es el Falo en sus enunciados—, a dar un paso más en nuestro esfuerzo por desprender los saberes inconscientes, reconocerlos como significados consecuentes de la economía del deseo pensada con el Falo (lacaniano), y atribuirlos menos confusamente a la función fálica a menudo confundida con la, imaginaria, del falo. Es tomar acta de lo que se dice y se oye desde hace más de cuarenta años, cuyas actualidades sexuales nos hablan cada día.

Son desplazados en este movimiento los cuatro polos de la sexuación lacaniana: necesario, contingente, imposible y posible. Un movimiento, un desplazamiento operando sobre el modo de la subversión previamente empleada por Lacan cuando supera y prolonga las proposiciones de Freud, a saber una subversión con visión dialéctica para evitar el callejón sin salida de la simple oposición, o de una simple inversión demasiado prontas a perpetuar el bilateralismo del mundo fenoménico donde nuestros cuerpos evolucionan, cuya principal consecuencia permanece, con una insistencia mórbida, la de la binaridad sexual. Un paso suplementario pues, en el impulso de la subversión por Lacan de la lógica aristotélica, que dio en el blanco para la escritura de las fórmulas de la sexuación. Estos polos se dan a leer de la manera siguiente, en una versión de la sexuación que ya no está adosada al padre de la horda, al patriarca gozando de su exclusividad sexual para disponer de los demás, tampoco a los nuevos jefes de manadas , dicho de otro modo y mejor, prescindir del Nombre-del-padre sirviéndose de él, en respuesta a la invitación de Lacan:

 

  • necesario: cada uno no-es-todo
  • contingente: no todo es uno
  • imposible: ninguno es todo
  • posible: cada todo es uno

 

Cuestiones y consecuencias

¿Qué se convierte entonces en la distribución, así renovada, de las fórmulas de la sexuación lacaniana a partir de este desplazamiento suplementario? ¿Sufre una inversión, un vuelco, que no tendría por única cualidad conservar su estado y sus consecuencias? ¿Contradice el conocido desde los años 1970? ¿Lo complementa?

 

Sobre el papel, donde encontramos la puesta en plano de la escritura encargada de dar cuenta de un asunto que supera en todo punto su cifrado, he propuesto este cuadro:

La a-sexuación

Su lectura, a primera vista, puede dar a ver una simple inversión del cuadrípode inicial de Lacan sobre su eje vertical. Pero esta presentación en cuadro desprecia las etapas intermedias que conducen a esta proposición. Remediarlo implica considerar estas cuestiones en la experiencia topológica, a fin de aprovechar más plenamente los efectos de este desplazamiento, en la estructura, tal como se considera. En la lengua de la topología, se trata de una modificación de punto de vista, del punto de inmersión desde el cual nos damos una imagen de lo que se da a ver mentalmente intentando captarlo, sentirlo donde el sentido se sustrae, experimentar la Cosa en cuestión.

Esto opera por la conexión de las fórmulas de la sexuación con los Discursos, a saber la distribución coordinada de los elementos de las fórmulas (los cuantores revisados por Lacan desde los originales), con los de los Discursos (S, S1, S2, a). Retomo en lo que sigue las notas y proposiciones de Patrick Valas y los esquemas de Jean Brini que permiten apreciar las potencialidades. Esta conexión se ilustra de la manera siguiente, donde el nudo borromeo, levantado de su puesta en plano en esfera armilar, toma lugar en un cubo dejando aparecer el/los tetraedro/s útil/es al señalamiento de los elementos distribuidos.

Dos versiones, o dos vertientes se distinguen, una levógira, la otra dextrógira según la orientación del nudo tal como se extrae del punto desde donde es posible leerla. Lacan ha privilegiado el nudo levógiro así como lo conocemos en su representación común puesta en plano, lo que no excluye la oportunidad de explorar el otro nudo (digámoslo así aunque sea el mismo).

Para la construcción mental propuesta aquí, que consiste en visitar la cara oculta de la Luna, basta con partir de uno de ellos y deducir el otro, sin preocuparse de su orientación primera o secundaria puesto que son interdependientes una de la otra. Dicho de otro modo, modificar la inmersión, el punto de vista, ir a ver de (desde) el otro lado.

 

Viene ahora la necesidad de inscribir los cuantores de la sexuación sobre uno de los tetraedros, para culminar la conexión considerada. Lacan lo ha iniciado sin completarlo, según Valas en quien encontramos el rastro, en una nota personal, de la colocación por Lacan de un bloque de cuantores a partir del cual ha sido completada por Valas y Brini la distribución siguiente:

De esta proposición anterior a la de hoy se descubre la posibilidad de una puesta en plano del nudo dextrógiro y su distribución de los cuantores de la sexuación tal como la he inscrito en el cuadro precedente, llamado de la a-sexuación. Distribución enmendada, para finalizarla, de las formulaciones propuestas de los cuatro elementos (necesario, contingente, imposible, posible) prescindiéndose del Nombre-del-padre, que podríamos rebautizar para la ocasión de apertura a los Nombre-de-las-hermanas.

El/los significante/s del Nombre-de-las-hermanas es, entre otros, el significante «trans»; otra versión del Nombre-de-las-hermanas es el significante «elle». A los cuales propongo la formalización de un Discurso nuevo, distinto de los dichos por Lacan (Histérico, Amo, Universidad, Psicoanalítico, Capitalista), el Discurso de la a-sexuación o Discurso trans. Significantes del Nombre-de-las-hermanas tan competentes como los del Nombre-del-padre para testimoniar y constituir la metáfora llamada paterna, esa misma producida por la función llamada paterna (con el color paternizante del vocabulario de su época).

Discurso trans o de la a-sexuación

Prolongaciones y aperturas

Retomemos, para memoria, las proposiciones lacanianas sobre los Discursos.

El Discurso de la a-sexuación aparece entonces como la lectura del Discurso Psicoanalítico desde la vertiente dextrógira: en lo que nos interesa tanto más, pues susceptible de aportar consistencia y operatividad a una verdadera extensión de este último más allá de los límites que encuentra en la vertiente levógira. Una extensión, incluso una consecuencia del Discurso Psicoanalítico liberado, en cierto modo, de las limitaciones imaginarias de nuestras lecturas interpretativas desde la superficie en dos dimensiones de su escritura, donde lo fálico es demasiado a menudo confundido con el Falo por efecto de aplastamiento. Sin este arrasamiento inducido por las comodidades de la conceptualización, la perversión de lo fálico que apuntamos a esclarecer no corre el riesgo de exceder lo fálico hasta el punto de abandonarlo: opción sin duda teóricamente absolutamente subversiva, pero que no sabría ilustrar más que una histerización de la perversión envidiada por la neurosis frente al absoluto del Otro, o del Padre odiado/adorado. Prefiero decir «fuera-Falo», que viene a jugar lo fálico, que lo reconoce y se las arregla de otro modo, sin desprenderse de él, a fin de asegurar a las cualidades de la extensión esperada/aguardada de nuestras teorizaciones una auténtica perversión de lo fálico apoyada en la función del mismo nombre, la función fálica (el decir no a la castración, dicho de otro modo la función de la castración) a fin de ser enseñados por ella, sin sacrificarla y repetir lo que del asesinato del Padre de la horda nos ha conducido a los callejones sin salida y a las consecuencias que sabemos (entre ellas principalmente las violencias sexuales y sexistas, según la fórmula actual).

Apreciemos sucintamente el alcance del Discurso Trans. El objeto perdido irremediablemente (a) está en lugar de verdad, es representado por el saber (S2) que se dirige al significante amo (S1) a fin de que produzca el Sujeto (S). Dicho de otro modo, el significante amo («Trans» = S1), fuerte del saber (S2) sobre el plus-de-gozar (a), produce el Sujeto (S).

Procedamos para la continuación al desplazamiento de los elementos en la escritura, por cuarto de vuelta así como Lacan lo ha propuesto para sus Discursos. Obtenemos tres otros Discursos: el Identitario, el Ecologista y el Feminista.

Discurso feminista : el saber feminista en lugar de verdad está representado por el significante amo “Feminismo”, que se dirige al Sujeto para que produzca un plus-de-gozar. Dicho de otro modo, el Sujeto, apoyado en el saber sobre la misoginia (el saber feminista), produce un plus-de-gozar hasta entonces confiscado.

Discurso ecologista : el significante amo “Ecología” está representado por el Sujeto, que se dirige al plus-de-gozar encargado de producir el saber. Dicho de otro modo, el plus-de-gozar del crecimiento ilimitado de la Humanidad contra el Medio Ambiente, apoyado en la división del Sujeto, produce un saber medioambiental.

Discurso identitario : el sujeto está representado por el plus-de-gozar, que se dirige al saber para producir un significante amo. Dicho de otro modo, el objeto perdido irremediablemente conduce la marcha del sujeto contra el saber para su uso exclusivo del significante amo, alumbrado con fórceps al estilo “Nosotros somos nosotros”.

Estos cuatro nuevos Discursos, en los que se encuentra lo Trans, lo Identitario, lo Ecologista y lo Feminista, son una versión en la otra vertiente de los Discursos Histérico, Amo, Universitario y Psicoanalítico planteados por Lacan. No es sorprendente observar que, apoyándose en la exclusión necesaria del Padre de la horda, hayan emergido aquellos dichos por Lacan, representantes a su manera de los determinantes del discurso de un mundo de su tiempo, y que, apoyándose en una inclusión necesaria, se deduzcan otros que dejan entrever un mundo muy distinto del patriarcal tan bien señalado por Lacan. El paso de uno a otro se justifica por la emergencia, en la actualidad sexual, de un decir distinto de los dichos existentes, que no alcanzan el punto de encuentro con la subjetividad de la época, lo que justifica elaborar unos nuevos (discursos nuevos, y no nuevos discursos). Dicho de otro modo, se deja adivinar como posible un más allá del patriarcado: el de un mundo en el que el discurso se equilibra sobre apoyos totalmente distintos del mundo “a lo papá”, donde se descubren modalidades discursivas que ilustran quienes nos son contemporáneos: lo Identitario, lo Ecologista, lo Feminista y lo Trans (o Discurso de la a-sexuación, del que he propuesto que es la función de la castración de la sexuación lacaniana).

 

Así, puedo decir, o proponer, que se trata en este complemento a la Teoría sexual de apreciar una perversión generada por el psicoanálisis en la experiencia: aquella que subvierte los Discursos previamente extraídos por Lacan por el efecto de una perversión de lo fálico capaz de revelar aún su eficacia y su alcance más allá de los referentes conocidos hasta hoy. Tal vez una de las esperadas por Lacan, de cuya ausencia se lamentaba, una ausencia matizada en El sinthome por el hallazgo señalado en Joyce, el escritor: su escritura capaz de suplir un fallo de nudo. Esto en continuidad con una evidencia anterior, sin embargo no debatida, por desgracia, que hace, según yo, del género un efecto de la puesta en circulación de los saberes sobre lo sexual por el psicoanálisis.

 

Así pues, se trata de establecer las bases teorizadas (a desarrollar en la continuación de este artículo introductorio) de una a-sexuación. Es decir, una sexuación que ya no se empantanará en el fango de la comprensión sensata, allí donde debe limitarse a la significancia, en primer lugar, antes de alcanzar, más serenamente, la de un fuera-del-falo que no será su más allá. Una manera afortunada de decir hasta qué punto cuenta el Falo —y más que él, lo fálico y sus apuestas—, que no hace falta llevarlo en exceso, que cuenta allí donde pesa y falta, que sostiene al ser en la falta de aplazar las exigencias del sexo que el género viene a tratar desde Freud, tal como las curas nos lo enseñan.

 

Así, la función de la castración, asumida por la a-sexuación cuando la sexuación, en el fondo, parece cavar en ella la ilusión de una excepción (la del Padre, la del al-menos-uno) sin salida propicia para alojar en ella a la mujer que no existe (condición necesaria para el mantenimiento del hombre universal que rechaza a sus hembras y asociad·e·s del reino de lo fálico por exceso de confianza e imperialismo), puede por fin funcionar en nuestra teorización, tal como ya opera en la cura sin poder discutirse de otro modo que entregada a la misma suerte que la mujer apéndice.

 

¿A qué abre ya esto, y para los tiempos que quedan?

 

  1. A la posibilidad de acoger las expresiones y las reivindicaciones sexuales como preguntas, como propuestas, incluso desde el lugar criticado por ser “victimista” de una queja en devenir, que sigue siendo el advenimiento necesario para el proceso analítico orientado a la cura. Queja sin la cual las fuentes de la ética no podrían ser reconocidas por el sujeto por su cuenta, en favor de una libertad conquistada, separada de las alienaciones identitarias históricas que le retienen en el sufrimiento.
  2. A considerar que, junto al sujeto del inconsciente, existe el sujeto de lo individual (lo colectivo), invitando al analista a considerar los ecos de los discursos ambientales no como fenómenos sociológicos periféricos que afectan al individuo, sino como el material reflejado del sujeto en lo individual que lo constituye en lo social.
  3. A prolongar la extensión de las apuestas de lo fálico, y la comprensión que tenemos de ello, fuera del Falo, donde el no-todo fálico encuentra también sus prolongaciones no necesariamente inscritas en las angustias del goce sin límite que puede llevar más allá de la vida.
  4. A pensar la propuesta “no binaria” de ciert·e·s seres hablantes de un modo distinto que bajo el sello de un rechazo de la castración, sino más bien como una actualización de la constitución bisexual psíquica sostenida por Fliess y Freud, con la cual entendemos, por supuesto, en la superficie del enunciado, la voluntad performativa de la afirmación identitaria no binaria, pero más allá de lo cual podemos poner en valor lo que, en la enunciación, hace valer la representación del sujeto por un significante —que, al repetirse, se metamorfosea continuamente. Donde nuestra comprensión de la bisexualidad psíquica constitutiva se desprende de los imaginarios ligados a orientaciones sexuales fantaseadas dotadas de una dirección que no tienen.
  5. A confirmar que el sujeto puede elegir su sexo a falta de decidirlo —decisión que pertenecería al campo de lo individual, donde se subjetiva en colectivo el impacto de lo social en el que los seres se mueven.
  6. Al despegue de la sexuación articulada al Falo, no a su superación, que no haría sino volcar la mesa en un vano intento de negativización del Falo. Despegue susceptible de esclarecer aquello por lo que el Falo simbólico se hace significante del goce, donde se deshoja lo que del objeto a y sus prerrogativas corporales dan a gozar.
  7. Reconocer de nuevo, con frescura, el Falo, símbolo mismo de su falta, para todes.
  8. A sostener un atravesamiento y la posible revisión de la sexuación en la cura desde el semblante de objeto a que el analista ocupa en función. Lejos de la ideología de la elección forzada que la lógica del cuadro de las fórmulas de la sexuación parece confirmar como una aporía tanto como como un ineludible, por la lectura de su apariencia en el cuadrángulo que disimula sus efectos de escritura antes de ser leído. ¿No decía Lacan que, incluso no escritas, esas fórmulas producirían sus efectos? Más allá de lo cual, esas fórmulas siguen escribiéndose: a nosotros nos corresponde no contentarnos con mirarlas imaginaria y simbólicamente, sino leerlas realmente y, por tanto, escribir otras.
  9. A pensar que, si el Falo es efectivamente el significante del goce, el objeto a no deja de ser el objeto primero de su causa, hasta el punto de que el deseo se confunda con él. Objeto no menos faltante que el Falo organizador de la falta simbólica orientada por su centración, por su monolitismo, que podemos esclarecer a partir de la diversidad de las versiones del objeto a, cuya lista no puede fijarse, y que, por ello, no puede orientar a los seres hablantes en torno a un significante-rey en el que se refleje el Otro de lo sexual, cuando apuntamos, mediante el análisis, a despejar la vía que hace alcanzar a los otros de lo sexual.
  10. Reconocer la falta de ganancia del Falo imaginario, distintamente del Falo simbólico tan bien sabido por nuestras teorizaciones, donde se le escapa a sus imaginariaciones más variadas de lo que parece a lo imaginario, por la imagen y fuera de imagen —a lo imaginario no especular.
  11. A la distinción entre las transiciones de género y las de sexo, según se emprendan a partir de tal o cual entrada dimensional posible, que son el género como objeto imaginario o el sexo como objeto simbólico, que reconocemos en la realidad: para el género, bajo los rasgos de un aparente factor de la sexuación; para el sexo, bajo los rasgos de un agente de la sexuación; en lo simbólico, para el género, bajo los rasgos de la fábrica del sexo; para el sexo, bajo los rasgos del significado del goce (el Falo): lo cual se oye en lo que dice el/la analizante.
  12. Advertir que lo que se tomaba por la «sexuación» en una primera identificación sobre el nudo borromeo levógiro, se revela mediante el empleo del nudo dextrógiro como la función de la castración. Esto subraya, al mismo tiempo, que la sexuación procede de una situación de los seres sexuados, mientras que la a-sexuación procede de una función de estos mismos seres en cuanto que operan con la castración como tal de no-ser-todo, sin que ninguno de ellos pueda probarlo ni encarnarlo jamás. La a-sexuación es la función de la castración de la sexuación, de modo que al introducir el objeto a donde el Falo desempeña el papel principal, obtenemos un camino, un vínculo, un puente entre estas dos modalidades de situación del ser, a veces sujeto, a veces él mismo, ante el deseo que le causa ser capturado como sujeto de lo individual. ¿Qué colectivo puede afrontar esto con los ojos abiertos? Donde el sujeto se aproxima a su deseo, este objeta, sin rechazarlo, diciendo «no» para afirmarse, siempre en lo fálico, salvo que intente estrecharlo en un beso mortal, donde encuentra la función de la castración que salva del imposible (un imposible necesario) desposorio del ser con su causa.
  13. La a-sexuación da testimonio de lo que, no perteneciendo al campo de la sexuación, no deja de ser fálico (no-todo incluido), pero se ilustra todavía mayoritariamente en la realidad mediante la disposición de este esquema patriarcal al inconsciente reflejado en la realidad, en la consistencia imaginaria.

 

Conclusiones

La a-sexuación es a la sexuación lo que el no-todo fálico es a lo fálico, a saber, que no es su inverso ni su opuesto. La a-sexuación designa aquello que, apoyándose en la sexuación, donde se articula la relación del sujeto del inconsciente con la función fálica y con el goce, objeta parcialmente allí mismo donde la extiende: ese «fuera-del-Falo» (que no es su más allá ni su rechazo) que hace posible la exploración, aún pendiente, de lo que concierne a la función de la castración (el decir no a la castración) en la realidad, en lo imaginario y no solo en lo simbólico, tal como la experiencia del psicoanálisis ha podido, hasta ahora, estudiar ampliamente, reduciéndola al rango de reacción negativa cuando constituye desde siempre una verdadera propuesta fecunda, saludable y creativa.

Designa lo que ordinariamente se amalgama y califica tan rápidamente como fenómeno identitario patológico por muchísimos analistas, que olvidan pronto que ellos mismos rechazan la castración que se presenta al Psicoanálisis a través de su oposición a las cuestiones llamadas «de género» y compañía, centradas sin embargo en el Falo y su simbolismo histórico que oculta desde hace demasiado tiempo su realidad creativa al servicio de la bisexualidad psíquica constitutiva.

Podría sostener nuestra atención para identificar y observar los matices y las extensiones del no-todo fálico, tan a menudo pensado, erróneamente, como no-fálico; podría ayudarnos a explorar la sexuación sin revolcarnos en los eternos arcanos falsamente simbólicos, puramente imaginarios, donde el hombre y la mujer tendrían que encontrar su lado, por ejemplo, y muchas otras conclusiones apresuradas mal deducidas a partir de fórmulas que no deben interpretarse, sino soportarse como quien atraviesa una experiencia vacilante.

 

La a-sexuación es la función de la castración tal como se articula con el sexo y el género desde el objeto a haciendo de eje, en la vertiente dextrógira de la perspectiva del nudo borromeo aplanado.

Descompleta el Falo de manera distinta a como lo fálico lo hace con el no-todo fálico, abriendo el tratamiento de lo simbólico a lo real tal como lo imaginario puede darle una forma (con o sin imagen) y un acceso. Así, lo que del sexo se impone al ser puede pensarse también desde su real puesto en forma, y ya no solo desde sus resonancias simbólicas que le confieren el sentido que no hay en el lugar de la no-relación por el desmentido ordinario pervertidor del fantasma.

La a-sexuación puede acercarnos al real de la sexuación, al que solo se puede llegar soltando el timón de lo simbólico para atravesar la experiencia misma de la sexuación hasta sus fuentes inaprensibles, sin retroceder ante sus realidades sexuales inspiradoras. Una travesía que también es necesaria, señalémoslo sin poder desarrollarlo aquí, para que la cura de un analista opere hasta su término, siendo por tanto un elemento incontestable de la propia formación del analista.

 

La a-sexuación deberá también ser confrontada con su supuesta cualidad de ser una sexuación del tercero incluido, cuestión matemática, siendo la sexuación la del tercero excluido. Para relanzar y extender un poco más nuestro enfoque de la relación entre saber y verdad, especialmente. Captar y aprovechar los diferentes morfismos fecundos de las elaboraciones adquiridas sobre las sexuaciones, aproximar y discutir los ecos provechosos con los topos clasificatorios, jugar a las matemáticas como un acontecimiento literario. Esto para explorar más allá las sexuaciones como topos general, y la elección del génerodesexo por el sujeto en el paisaje sexual que revela el topos singular.

 

¿Sabrá el Psicoanálisis no rechazar demasiado la castración que se le presenta, bajo los rasgos del género y de las realidades sexuales, inquietado por sus rostros de enigmas y ecuaciones, a riesgo de desaparecer como práctica social? Para simplemente decirle no, a la castración, con nuevos bríos y así reenudar con sus fundamentos históricos que lo llevaron a contribuir al esfuerzo de la cultura.