Los niños transgénero: esperanzas de civilización (2021)

Los niños transgénero: esperanzas de civilización (2021)

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Los niños y niñas transgénero: esperanzas de civilización

Publicado en internet, octubre de 2021.

«Ron, mujeres y cerveza, ¡por Dios!»

Niños y niñas transgénero y actualidad de lo sexual… Las distinciones de «Hombre» y de «Mujer» son auténticas creaciones humanas: somos la única especie viva que las ha establecido así, a diferencia de otras especies que no están atrapadas en el lenguaje articulado que conocemos.

Primera cuestión. ¿Es mejor proceder así, para una especie hablante, en lugar de conformarse con una identificación por «macho» o «hembra»? Mi respuesta es sí. Porque la supervivencia de la especie humana y la actividad sexual procreativa vinculada a esta supervivencia no se imponen a los seres humanos como a otros seres vivos no hablantes, en el reino animal, por ejemplo. Lo que llamamos sexualidad en los seres humanos se distingue de la simple perpetuación de la especie. Así, el conjunto de las cuestiones sexuales supera ampliamente la sola necesidad de ver nacer la siguiente generación.

Segunda cuestión. ¿Nos ha ayudado esto a organizarnos entre las generaciones y las diferencias sexuales? (hacer diferencias no siempre está al servicio de las peores discriminaciones, sino que responde también a la necesidad de establecer un saber mínimo necesario para la vida en sociedad). La respuesta es sí, pero solo en parte. Porque la persistencia de los actos incestuosos y otras dominaciones sexuales, más o menos agresivas o mortales, no traduce un éxito, fracasamos ampliamente todavía en nuestro esfuerzo.

Constatemos que ser viviente no escapa a su determinación sexual, es decir, que nunca estamos sin lugar ni sin función (más o menos determinadas), en el paisaje sexual. A este respecto, sexualmente hablando, lo neutro no existe para los seres humanos; no hay igualdad sexual solo por ser viviente, pero sí la hay en virtud de la cultura y de lo social, cuando logramos reforzarlas contra lo que, por naturaleza, pero sobre todo por falta de educación, tiende a impedirlas.

¿Qué significa esto? Algo insiste que causa tormento, esta cosa es de orden sexual: así podemos traducir lo que constituye el interés primordial del psicoanálisis por lo sexual así pensado como campo específicamente humano.

¿Qué pensar de ello? Los esfuerzos deben proseguirse, mejoras son posibles en el futuro. Las soluciones actualmente vigentes y reconocidas no son definitivas, la renovación de las generaciones continuará iluminando a la humanidad sobre sus hallazgos y sus soluciones lingüísticas temporales.

Así, quizás, «hombre» y «mujer» no permanecerán como la evidencia que parecen ser hoy, bajo el impulso de su eficacia para circunscribir el paisaje sexual. Nadie puede predecir esto, solo interrogarse.

 

¿Generaciones desgenerizadas/degeneradas?

Niños y niñas, en Francia y en otras partes del mundo, crecen cuestionando su lugar y su función en el paisaje sexual. De hombre y de mujer discuten los contornos, las opciones, las cuestiones, los posibles. Las asignaciones naturales y culturales existentes son puestas en juego nuevamente. Mientras el lugar era mayoritariamente cuestionado, crecer con el apoyo de las aportaciones de los feminismos, de la lucha por la igualdad de derechos, del cuestionamiento del patriarcado, de la distribución de roles en un matrimonio, etc. constituía una ayuda esencial, una verdadera opción para organizar la vida con el refuerzo de ciertas identidades más o menos alternativas, en caso necesario, cuando las opciones mainstream no eran elegidas. Pero las generaciones actuales interrogan ahora más la función vinculada a este lugar de cada cual en el paisaje sexual, las identidades conocidas hasta entonces ya no bastan, otras denominaciones han aparecido, otras experiencias también. Los cuerpos, los seres, las familias, los sexos, todo, absolutamente todo, hoy, avanza por caminos aún desconocidos o en curso de descubrimiento, la experiencia global se amplía bajo la presión de lo identitario que comenzamos a descubrir como materia del trauma, del lado de la fuente, por tanto, de nuestros tormentos con lo sexual; continentes que permanecían oscuros se aclaran un poco. Hemos franqueado, ellos y ellas nos han hecho franquear un paso decisivo para la Humanidad entera. Estar inquieto en este punto es ineludible, es el resultado de esta interrogación radical de nuestras identificaciones, así como ocurre con la inquietud o la intranquilidad durante una cura psicoanalítica, por ejemplo. Conocemos esta travesía. Nuestra exploración de lo identitario, que se ha iniciado, no será reposada, ya está muy agitada.

 

¿Los psicoanalistas guardianes de la civilización?

Algunos colegas psicoanalistas denuncian, ante esta situación, una «epidemia» de transgénero, cuando otros izan la causa de los niños en el frontón de sus críticas. Los niños transgénero (y los transgénero en general) serían víctimas de ideologías generadoras de desdicha, responsables de atentados corporales con el apoyo de algunas consideraciones ligeras, satisfechas del progreso aparente de la modernidad que disimula una grave crisis de civilización.

Si esta «epidemia» nos conduce a ser contagiados por un poco de la madurez afectiva e intelectual de estos niños y niñas transgénero (aunque todavía inmaduros en muchos aspectos), ¡regocijémonos! Porque nos van a enseñar cosas increíbles. Aunque esto trastorne, en el margen, nuestros referentes y sin duda, un poco, nuestra civilización.

Si la civilización se ve afectada, o peor modificada, en sus hábitos tales como desde hace lustros trata de la diferencia sexual, y sus consecuencias sobre la vida en sociedad, con los resultados que conocemos (pensemos simplemente en las desigualdades de trato Hombre-Mujer, en las violencias contra las mujeres, etc.), es seguramente una excelente noticia, porque nada en esta etapa nos promete peor al arriesgar algunas renovaciones.

Otros colegas se alarman de los tratamientos médicos iniciados en ciertos recorridos de transición, que siguen siendo raros ante la extensión de los cuestionamientos sobre el sexo y el género en una parte muy amplia de los niños y adolescentes de hoy. Muchos, y sin duda la mayoría de ellos permanecen sin necesidad de iniciar cambios concretos o transformaciones personales sociales, físicas, hormonales, psíquicas, etc. que deben ser duraderas, pero esto es a veces necesario. Además, agitar la amenaza de la irreversibilidad, de la mutilación no contribuye en absoluto a una reflexión ética sin embargo indispensable, cuando se trata de inclinarse con seriedad sobre la experiencia sexual de una persona que será en todos los aspectos irreversible desde el principio hasta el final de su vida: ser sexuado tiene un carácter definitivo, a cualquier edad. Ser tratado con hormonas en la infancia o la adolescencia puede constituir también un auténtico tratamiento psíquico, y no solamente un arma médica o la herramienta funesta del Dr. Victor Frankenstein dispuesto a todas las transformaciones corporales para saciar sus fantasías y su negación de la mortalidad. Innumerables parámetros deben ser apreciados, pero el miedo, aunque legítimo, de algunos colegas no es una buena guía en este momento.

 

El ruido ambiente, el tiempo para pensar

Por supuesto, asistimos al despliegue de diversas teorizaciones y argumentaciones que hacen totalmente las veces de fantasías, como esta explicación anticuada que cuenta el error de la Naturaleza de haber puesto a la persona correcta en el cuerpo equivocado. Esta explicación y otras existen, no son en absoluto satisfactorias desde el punto de vista psicoanalítico, pero son muy útiles para numerosos niños o familias que necesitan sostenerse en las cuestiones y las dificultades que encuentran.

Del mismo modo que el diagnóstico de disforia de género es muy molesto, e igualmente insatisfactorio. Todas las adolescencias son verdaderas disforias, en todos los aspectos. La facilidad reconfortada de la medicina para acoger y diagnosticar tan fácilmente situaciones totalmente ignoradas o rechazadas hace poco interroga e inquieta. El esfuerzo de despatologización y despsiquiatrización de las cuestiones trans ¿corre el riesgo a veces de ser absorbido por nuevas formulaciones capaces de reformar su fundamento deficitario: el prefijo «dis» está lejos de representar el positivismo.

Numerosas cuestiones deben ser tratadas, los desacuerdos van a ser numerosos, pero pueden ser afrontados de forma benevolente respecto a las personas acompañadas. Lo que es menos aceptable es el abuso de intelectualismo y el autoritarismo simbólico característico de numerosas posiciones adoptadas por psicoanalistas o grupos de psicoanalistas, cuando la «negación de la anatomía», el «comunitarismo», la «descivilización», etc. se desgranan como otros tantos argumentos de discusiones que no existen en el fondo, porque solo se hacen oír los juicios tajantes, las recitaciones religiosas y otras marcas despreciativas de supuestos saberes demasiado establecidos.

 

Deber de protección, exigencia de apoyo

Estos niños y niñas deben ser protegidos, ¿pero de qué? De la descalificación de su síntoma por parte de profesionales sanitarios y otros expertos que confunden acogida y evaluación (incluidos demasiados psicoanalistas y médicos demasiado contentos de diagnosticarlos apresuradamente entre psicosis y disforia). De las discriminaciones inducidas por el rechazo de la extrañeza percibida en el otro, que el trastorno en el género activa en cada cual. De los diagnósticos demasiado cómodos que refuerzan las asignaciones de los sujetos conminados a conquistar una identidad de separación para abandonar sus supuestas alienaciones mórbidas. De los adultos que ya no recuerdan. De todas aquellas y de todos aquellos que rechazan la evidencia, todavía maltratada hasta hoy, de nuestra constitución psíquica bisexual (que no es una orientación sexual, ni una identidad) sostenida por el psicoanálisis de los inicios, y tan a menudo olvidada porque es actora del trastorno sexual en el inconsciente. De los anatemas lanzados, abatidos sobre niños y niñas, familias, por adultos educadores o padres encargados de decir la verdad del sexo, o peor el «verdadero sexo». De los discursos de curación y otras fabricaciones de ficciones dudosas destinadas a tranquilizar las posiciones mayoritarias. De ciertas minorías sexuales (que los transgénero no son), demasiado interesadas en relanzar a bajo coste el esencialismo de sus identidades laminadas, en lugar de volver al trabajo, y garantizar posiciones hegemónicas (algunas feministas, psicoanalistas, responsables políticos o militantes). De la Educación nacional cuando quiere «tomar en cuenta cuestiones», responder a necesidades. De todas aquellas y aquellos que rechazan esta evidencia humana: el hecho sexual no nos define, nos convoca, le respondemos, aunque sea balbuceando, así como los seres hablantes se las arreglan con ello en una lenta transición-evolución desde hace varios milenios.

 

Un psicoanálisis despierto

Hasta hoy, el campo del psicoanálisis no ha acogido el género con humildad ni interés reales, sino con desconfianza, como un enemigo. ¿Por qué? Porque toca la verdad sexual. Nuestra experiencia del sexo es tanto limitada como inaprensible, del sexo solo conocemos la noche. El género, puro efecto del psicoanálisis en lo social, subraya esta aporía de la experiencia humana y del psicoanálisis mismo, y la ilumina, esto es inadmisible para algunos. Aunque esto abra un camino nuevo donde nuestro sexo puede ser elegido a falta de ser decidido, y que esta operación psíquica es una maniobra altamente psicoanalítica, colegas rechinan los dientes, rechazan, se enfurruñan. Hay motivo para regocijarse, muchos montan en cólera. Somos pacientes, los caprichos terminarán por pasar y las frustraciones admitidas.

Sin embargo, ¿sabrá el psicoanálisis acoger esta invitación a efecto de castración —tanto parece difícil admitir la pérdida y el relanzamiento de los saberes previamente adquiridos— que el género le hace, o bien arriesgará desaparecer como práctica social, fetichizándose hasta el troncho como un triste calcetín después de la noche? Rechazar esta castración sería aquí más neto que decirle no afirmándose, pero esto nos incitaría a interrogar un posicionamiento perverso de cierto psicoanálisis en este punto.

A la negación de la realidad temida por todo un mundo, quizás sea necesario, para concluir, sugerir que asistimos, actualmente, a un avance significante, un efecto significante y no al declive del lenguaje: un trozo de La Cosa es mordido más lejos de lo que nuestra práctica del lenguaje lo había hundido en sus carnes invisibles, de lo real del sexo que escapa continuamos acercándonos practicándolo por la lengua y la escucha… He aquí lo que está ocurriendo: sentido es tratado por lo que aún no lo tenía, y por el levantamiento de una negación que pesaba sobre la realidad del sexo en sus supuestas cualidades todas imaginarias. Donde es denunciada la organización de una negación de la anatomía, de la realidad, de la castración, etc. se revela, en la cura, por así decirlo lo inverso de lo que el concierto de malos profetas y porta-Falos del psicoanálisis nos prometen como si lo esperaran. El sexo es efectivamente devuelto a su realidad, a lo Imaginario por tanto, entre representación especular y no especular donde algunas puestas en forma, de lo que del sexo en lo Real se sustrae a nuestra apreciación, vienen a sostener la creación psíquica del sexo nuevo por el análisis, en la transferencia.

Sí, el sujeto del inconsciente es alcanzado al riesgo de la vacilación. Sí, el lenguaje es tocado hasta el punto de modificarse en el margen. Sí, nuestra experiencia de lo sexual es modificada. Sí, nuestra cultura es interrogada al riesgo de lo nuevo. Exactamente como lo que ha permitido la emergencia del psicoanálisis, y constituye su interés para la Humanidad todavía hoy. ¿Deseamos que esto prosiga?… entonces al trabajo, en lugar de polemizar y politizar estas cuestiones.