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La humanidad necesita los extravíos de los sexos y las deambulaciones de los géneros
Publicado en Huffington Post, 15 de octubre de 2016
Hace tres años, durante los debates sobre el Matrimonio para Todos en 2012-2013, todo el mundo lo recuerda, Francia se vio atravesada por una ola de lesbofobia, transfobia y homofobia que causó sufrimiento, vio el fin de un número incalculable de relaciones de amistad, la multiplicación de disputas familiares violentas, de rechazos, y también de palizas, de crímenes. Un crudo invierno en el “país de los derechos humanos”, como no habríamos pensado tener que sufrir bajo un gobierno “socialista”.
Durante ese difícil periodo, yo coordinaba una supervisión para un grupo de escuchas de la línea de atención de la asociación SOS Homophobie. Lo que estos hombres y mujeres tuvieron que oír, sostener y soportar superaba la imaginación, insultaba todos los valores republicanos, desafiaba el decoro y la civilidad necesarios para la convivencia. Las llamadas eran más numerosas de lo habitual, más duras. La rabia, el desaliento y la cólera alimentaron todas nuestras reuniones de un extremo a otro del año. Dado que el presidente Hollande tomó la decisión muy personal de convertir el Matrimonio Para Todos en un debate social de la peor manera posible (poniendo en juego una promesa de campaña, descalificándola y echándola a los leones en lugar de honrar su programa —al igual que otras promesas incumplidas sobre el acceso a la PMA o el cambio libre de estado civil—), asistimos evidentemente a una dislocación social que nos golpeó. Sin el compromiso y la audacia de Christiane Taubira, a estos activistas y a mí mismo nos habría costado aún más aguantar el tirón.
Tras la aprobación de la ley, nosotros (simpatizantes del progreso) pensábamos estar, al menos por un tiempo, libres del antiigualitarismo de La Manif Pour Tous (LMPT) y sus afiliados. Tres años después, ¡vuelve lo reprimido! Ironía —nada cómica— de la historia, la LMPT vuelve a las andadas convocando una manifestación el día después de la Existrans, con el deseo de influir en el debate de las próximas primarias y de las presidenciales del año que viene.
En una Francia alérgica a la cuestión comunitaria, a las minorías sexuales y al extranjero, ¿qué más vamos a tener que presenciar? ¿Una oleada de ideas falsas?
La LMPT, al igual que el Papa, ignora por completo la rica diversidad sexual de los humanos que debemos valorar. Lo ignoran intentando actuar como si las cuestiones del sexo, las cosas del sexo, debieran ser reguladas por la cultura, la tradición o los modelos, cuando es todo lo contrario, y desde hace mucho tiempo. Lo que Lacan expresaba sencillamente en France Culture en 1973 al declarar: “Hay normas sociales a falta de toda norma sexual, eso es lo que dice Freud”. ¿Vamos a tener que perder otra vez un tiempo precioso para explicar esto a quienes no quieren oír nada, a quienes rechazan el saber?
La experiencia psicoanalítica no es una panacea para tratar el género ni una posibilidad tan aclamada. Es una lástima, pues ninguna otra experiencia sabe abrirse como ella a lo posible cuando la verdad sexual es descubierta tras cada levantamiento de un obstáculo psíquico. Pero no es un arma política; solo puede decir unas palabras de vez en cuando sobre lo que encuentra, no sirve de ejemplo ni de sondeo.
Los días 15 y 16 de octubre, cada cual sabe qué puede esperar elegir y a qué renunciar: una lucha de futuro y la celebración de lo diverso en la Existrans, o una lucha conservadora y el rechazo de las diferencias sexuales en la LMPT.
Lo que quisiera expresar aquí de mi reflexión, atravesada por mi experiencia del psicoanálisis como analizando y como analista, es la convicción de enfrentarnos —con la LMPT, el Papa o incluso el plató de Grand Journal en numerosas ocasiones recientes, o la Asamblea Nacional que propone modificar el cambio de estado civil pero no lo hace libre— a un fenómeno de repetición que no traduce ni una sola idea que merezca ser discutida, sino que señala que algo insiste del lado del rechazo, allí mismo donde podríamos observar, en otras condiciones, la aparición del progreso. En lugar de eso, tanto en las filas políticas como en la mayoría de las grandes instituciones —incluidas las de investigación y enseñanza— nos encontramos con esa vieja “resistencia”, la que Freud tuvo que elevar al rango de concepto por lo mucho que ya le daba quehacer. Que se manifieste señala que se ha tocado un punto sensible, que se ha alcanzado un conflicto psíquico vinculado a lo sexual y que conviene no flaquear para hacer ceder la resistencia: así, y solo así, se puede esperar una ganancia de libertad, un avance terapéutico.
Pero el psicoanálisis también nos enseña que no hay que hostigar demasiado al síntoma, so pena de reforzarlo sin lograr que se abra a la verdad que encierra. Así pues, el próximo fin de semana del 15 y 16 de octubre, cada cual sabe qué puede esperar elegir y a qué renunciar: una lucha de futuro y la celebración de lo diverso en la Existrans, o una lucha conservadora y el rechazo de las diferencias sexuales en la LMPT.
El género, los géneros son la única vía dichosa para seguir pensando el sexo, los sexos en este inicio del siglo XXI. Más de cien años después de los descubrimientos freudianos, muchos psicoanalistas de nuestro tiempo lo saben y lo experimentan cada día. ¿Quizás tengan que hacerse oír en ocasiones, no para hablar en nombre del psicoanálisis, sino para dar testimonio de su experiencia y de lo que esta les enseña?
Los sufrimientos y las inmensas dificultades engendrados por el rechazo al progreso de las costumbres se cuentan entre las peores cosas que los seres humanos se infligen en sus sociedades.
Sé que las ideas defendidas por la LMPT son antirrepublicanas, pero sobre todo nefastas para la libertad subjetiva, para el respeto de las diferencias en una sociedad de igualdades. Lo sé por convicción personal, pero también lo encuentro en mi práctica clínica. Los sufrimientos y las inmensas dificultades engendrados por el rechazo al progreso de las costumbres se cuentan entre las peores cosas que los seres humanos se infligen en sus sociedades. Esto mata, justifica a veces guerras y mantiene la ceguera de quienes quieren creer a toda costa en una supuesta superioridad capaz de aliviarlos de las preguntas que los atormentan.
Sin embargo, sabemos bien que la ambigüedad sexual no merece ser fundida o arrasada, pues entonces nos privamos de las creaciones e invenciones del mañana, destruimos el futuro. La humanidad necesita los bandazos de los géneros, los extravíos de los sexos, para vivir su condición sexual. Querer erradicar estas asperezas, nuestras diferencias, que pueden coexistir, es una pérdida de tiempo que envenena y destruye vidas. No porque nuestros amores parezcan divergir en muchos puntos y parecerse en otros, no podemos ser todos y todas reconocidos en derecho, con una estricta igualdad de ciudadanía.
No hemos hecho más que empezar a saber lo que sabemos sobre las cosas del sexo y la riqueza que pueden enseñarnos las diferencias sexuales desde Freud como para dejarnos dar sermones por predicadores de desgracias.
Vincent Bourseul