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Muerde el haba – Epifanía (Con humor)
Publicado en internet, enero de 2026.
Por fin, se revelan. Los tres psicoanálisis.
Casi se podría hablar de un concilio, o de un momento teológico de gran calado — con la salvedad de que nadie cree realmente en ello, pero todo el mundo le otorga una gran importancia. Una analogía asumida con los tres monoteísmos, por tanto: una broma, pero una broma seria, como saben serlo los psicoanalistas cuando hablan de aquello a lo que no pueden renunciar.
El primero pone rumbo a lo Simbólico.
Es el psicoanálisis de las instituciones establecidas, de las reglas de formación, de la transmisión codificada, del Padre que sostiene la casa. Habla la lengua del reconocimiento, de la legitimidad, del encuadre que dicta la ley. Se pretende garante de un orden: el de la filiación teórica, el de la continuidad. Se accede a él mediante el respeto a lo Simbólico como brújula, y se permanece en él a través de la identificación.
El segundo pone rumbo a lo Real.
Aquí no hay promesas de totalidad ni de estabilidad. Existe el pase, el acto, el corte, el final que no cierra nada. Lo Real no es lo que se comprende, sino aquello en lo que no se penetra cuando uno se topa con ello. Este psicoanálisis se fundamenta en lo imposible, en lo que no cesa de no escribirse. No organiza un orden, sino que sostiene una travesía. Desconfía de cualquier garantía, incluida la suya propia.
El tercero pone rumbo a lo Imaginario.
Es el que circula, el que se desplaza, el que se construye en los márgenes. Toma prestado de los estudios queer, de las prácticas «psi», de los relatos situados, de las identidades inestables. Asume las imágenes, las identificaciones, los cuerpos hablantes, las vivencias minoritarias. En él, lo imaginario se expande.
Se podría creer en tres bandos, tres dogmas, tres guerras santas. Pero no. Porque estos tres psicoanálisis solo se sostienen anudados. Simbólico, Real, Imaginario: ninguno se sostiene solo. Si se corta uno, todo se deshace.
Institución sin Real: burocracia muerta.
Real sin Simbólico: errancia mística.
Imaginario sin los otros dos: psicología del yo barnizada de subversión.
Su verdad no reside en su separación, sino en su anudamiento borromeo. Cada una cree a veces ser el centro, y cada una se equivoca. Lo que se sostiene no es la supremacía de un psicoanálisis sobre los demás, sino la tensión entre ellos. Tres revelaciones, por tanto — y ninguna religión. Solo una estructura. Y un viejo chiste, siempre vigente: el psicoanálisis no deja de dividirse para no desaparecer.