Del género a la a-sexuación – presentación del libro (2026)

Del género a la a-sexuación – presentación del libro (2026)

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Presentación del libro

 

1. Situación de la obra

Del género a la a-sexuación. Una interpretación psicoanalítica constituye el segundo volumen de la serie Clínica del género en psicoanálisis, cuyo primer tomo, El sexo reinventado por el género (2016), ya había sentado las bases de una articulación entre la teoría psicoanalítica y los estudios de género. Diez años después de este primer volumen, Vincent Bourseul ofrece aquí el fruto de una década de trabajo clínico y teórico en estrecho contacto con las mutaciones contemporáneas de lo sexual, de las identidades y de los modos de goce (p. 14). Se trata de un libro de intervención en diversos puntos.

La obra se sitúa en la estela de Freud y de Lacan, buscando al mismo tiempo superar una postura de herencia reverencial. Se trata, según la fórmula del autor, de «seguir la letra lacaniana por el rastro, y ya no el rastro de Lacan a la letra» (p. 117). Este gesto metodológico autoriza un relanzamiento de la elaboración conceptual que no se contenta con aplicar las fórmulas conocidas ni con rechazarlas, sino que las desplaza topológicamente para revelar potencialidades inéditas.

El reto para la comunidad analítica es el siguiente: mientras que las cuestiones llamadas «de género» (y todo lo que abarcan) son a menudo tratadas por el psicoanálisis de un modo defensivo —entre la negación, la patologización apresurada o el alineamiento—, este libro propone otra vía: la de una interpretación psicoanalítica del género que renueva los conceptos de la disciplina en materia de sexuación. La Introducción (p. 9-18) traza el programa de esta «errancia irreverente» que caracteriza el conjunto del enfoque; tras la construcción del primer volumen, es una interpretación lo que propone este segundo volumen (p. 187).

2. El concepto central: la a-sexuación

El núcleo de la obra, pero también su conclusión, reside en la elaboración del concepto de a-sexuación, desarrollado principalmente en el capítulo «La a-sexuación: perversión de lo fálico» (p. 52-68). Este neologismo no designa una ausencia de sexuación, ni una negación de la diferencia sexual, sino una modalidad de sexuación llamada «fuera-del-Falo», es decir, un proceso subjetivo que opera más allá de los marcos tradicionales de la sexuación lacaniana tal como se interpreta habitualmente, sin romper por ello con la función fálica. La fórmula precisa de Bourseul es: «fuera-del-Falo, pero no sin lo fálico» (p. 7-8). Esta distinción entre el Falo (significante amo, cargado de confusiones imaginarias) y lo fálico (función operativa ligada a la castración subjetivada) estructura el conjunto de la reflexión.

La a-sexuación emerge, según el autor, como una perversión de lo fálico —no en el sentido de una estructura clínica, sino en el sentido de un giro, de una torsión estructural que responde, cuarenta y ocho años después, al lamento expresado por Lacan en El sinthome ante la ineficacia del psicoanálisis para crear una nueva perversión (p. 117). La perversión de lo fálico subvierte los discursos que Lacan había extraído, revelando la eficacia y el alcance de lo fálico más allá de los puntos de referencia conocidos.

Este concepto posee una doble virtud: clínica y teórica. En el plano clínico, permite acoger las experiencias subjetivas contemporáneas —transiciones de sexo, transformaciones del género, nuevas sexualidades— sin reducirlas a una patología, sino entendiéndolas como formaciones del inconsciente que dan testimonio de un trabajo psíquico sobre el goce y el deseo. En el plano teórico, propone liberar las fórmulas de la sexuación de aquello que, en el embrollo interpretativo de las últimas décadas, impide a lo imaginario dar forma a lo real del sexo (p. 52), en particular el material no especular tan determinante de la sexuación, y tan vivamente afectado por los efectos de la agonía neoliberal sobre el vínculo social.

3. Desplazamientos teóricos mayores

De la exclusiva necesaria a la inclusiva necesaria

El capítulo «Complemento a la Teoría sexual (1): la a-sexuación» (p. 117-132) propone un desplazamiento notable de la obra, que concierne al tratamiento del polo de la necesidad en las fórmulas de la sexuación. Allí donde Lacan había situado, del lado llamado «masculino», la exclusiva necesaria —el al-menos-uno que escapa a la función fálica, el Padre de la horda gozando de su exclusividad sexual—, Bourseul propone sustituirla por la inclusiva necesaria, formulada así: «cada uno/a es no-todo/a» (p. 122). Este paso de «existe al menos uno» a «cada uno/a» no es ni una inversión ni un revés: es un desplazamiento topológico que permite leer la sexuación desde otro punto de inmersión, aceptando explorar la cara dextrógira del nudo borromeo (p. 62-66).

Los cuatro polos de la sexuación se redistribuyen a partir de entonces (p. 122): lo necesario («cada uno/a es no-todo/a»), lo contingente («no todo/a es uno/a»), lo imposible («ni uno/a es todo/a») y lo posible («cada todo/a es uno/a»). Esta redistribución permite no apoyarse ya en el imaginario patriarcal de antaño, ni en el de un hipotético matriarcado, sino en una perspectiva esclarecida de la falta-en-ser para todos-uno ante la intermitencia del tener como una nueva ética sexual.

Cuatro discursos nuevos

La puesta en tensión de las fórmulas revisadas de la sexuación con la teoría de los discursos lleva a Bourseul a formalizar cuatro discursos nuevos (p. 126-131), obtenidos por rotación de un cuarto de vuelta de los elementos (S, S1, S2, a) en la estructura discursiva: el Discurso trans (o Discurso de la a-sexuación), el Discurso feminista, el Discurso ecologista y el Discurso identitario. Estos cuatro discursos no son descripciones sociológicas: son estructuras discursivas formalizadas según el método lacaniano, cada una de las cuales organiza de forma específica las relaciones entre verdad, saber, goce y sujeto.

El Discurso trans aparece como la lectura del Discurso psicoanalítico desde la vertiente dextrógira del nudo borromeo: el objeto a está en el lugar de la verdad, representado por el saber (S2) que se dirige al significante amo (S1) para producir al sujeto (S) (p. 126). Este discurso constituye una extensión, incluso una consecuencia del Discurso psicoanalítico liberado de las limitaciones imaginarias de nuestras lecturas interpretativas. Los otros tres discursos (feminista, ecologista, identitario) se deducen de él por cuarto de vuelta y permiten dar cuenta de las modalidades discursivas que caracterizan nuestra contemporaneidad.

Dos fantasmas y la padre-versión

El capítulo «Del fantasma heteros-patriarca al fantasma a-pàtrida» (p. 70-72) propone la formalización de dos fantasmas fundamentales. El primero designa el modo de goce ligado a la exclusiva necesaria patriarcal; el segundo nombra un modo de relación con el deseo que se organiza desde la inclusiva necesaria. Esta oposición no se reduce a un dualismo: permite cartografiar las posiciones subjetivas en su movilidad, en articulación con el paso de la padre-versión (la versión del padre, la perversión del Falo como régimen dominante: el patriarcado) a la a-versión (la perversión de lo fálico como apertura a nuevos posibles).

4. Retos clínicos para la práctica analítica

El alcance clínico de estas elaboraciones concierne a todo profesional confrontado a las realidades subjetivas contemporáneas. Bourseul subraya que la mayoría de las cuestiones ligadas al género en transición, en transformación, en superación y creación no apuntan en ningún punto a la sexuación (p. 57), sino a otras construcciones que deben ser ahora interpretadas (entre ellas la a-sexuación). Este recordatorio desactiva la confusión recurrente entre género, sexo y sexuación, confusión que ha producido dificultades clínicas cuando los analistas han creído poder interpretar las fórmulas de la sexuación en lugar de soportarlas como se atraviesa una experiencia, aun a riesgo de ver abrirse otros horizontes, otras sexuaciones.

La «Carta a un/a psicoanalista de hoy» (p. 84-87) dirige una crítica a lo que el autor identifica como un rechazo de la castración por parte de muchos analistas mismos: aquellos y aquellas que oponen un rechazo sistemático a las cuestiones «de género y compañía», olvidando que estas cuestiones están precisamente centradas en el Falo y su simbolismo histórico, el cual oculta desde hace tiempo su realidad creativa al servicio de la bisexualidad psíquica constitutiva. En este sentido, la a-sexuación invita a los clínicos a mantener su atención a los matices del no-todo fálico, tan a menudo pensado erróneamente como no-fálico, y a explorar la sexuación sin revolcarse en los arcanos falsamente simbólicos donde el hombre y la mujer tendrían que encontrar «su lado».

La aportación de Judith Butler es reconocida en la obra: su lectura butleriana de Freud es apreciada por lo que ha permitido reabrir en el campo analítico. Pero Bourseul no se queda ahí: propone una articulación propiamente psicoanalítica, anclada en la topología lacaniana y la clínica de la experiencia, aun a riesgo de llevarla más lejos, irreductible a las solas aportaciones de los estudios de género o de la teoría queer.

5. Intereses teóricos en la actualidad: para el psicoanálisis del mañana

¿Por qué este libro merece atención hoy y en qué medida prepara el psicoanálisis del mañana? Se pueden aducir varias razones.

En primer lugar, responde a una urgencia clínica. En todo el mundo, los analistas reciben a sujetos cuyas trayectorias identitarias, prácticas sexuales y modos de goce ya no encajan con las rejillas de lectura heredadas del siglo pasado. La alternativa entre patologizar y banalizar es un callejón sin salida. La a-sexuación ofrece un marco conceptual para escuchar estas experiencias como formaciones del inconsciente de pleno derecho, que testimonian el trabajo del sujeto sobre el goce y la castración. Permite distinguir lo que corresponde al género (la relación de género se escribe, nos dice Bourseul) de lo que corresponde a la sexuación (la relación sexual no se escribe), distinción cuyas consecuencias clínicas son notables.

En segundo lugar, renueva el aparato conceptual del psicoanálisis sin traicionarlo. Los cuatro discursos nuevos no son una improvisación sociológica: proceden de la misma lógica formal que los discursos lacanianos, son una extensión topológica rigurosa (p. 126-131). Del mismo modo, el paso de la exclusiva necesaria a la inclusiva necesaria no abole la sexuación lacaniana: explora su otra vertiente, aquella que la representación plana en dos dimensiones había vuelto invisible (p. 122-125). El aparato teórico sale enriquecido de esta operación.

En tercer lugar, cuestiona las crispaciones defensivas del psicoanálisis. Una de las aportaciones del libro es mostrar que la resistencia de muchos analistas a las cuestiones de género constituye en sí misma un rechazo de la castración (p. 85-87). La agresividad reactiva frente al género, la patologización apresurada de las transiciones, el repliegue tras fórmulas recitadas sin ser atravesadas: otros tantos signos de una posición subjetiva que rechaza la prueba de lo desconocido. Al proponer un marco teórico que no retrocede ante esta prueba, Bourseul ofrece a los analistas los medios para sostener su deseo de saber sin refugiarse en la comodidad de una repetición muerta.

En cuarto lugar, abre la cuestión del Nombre-de-las-hermanas. El capítulo «Destruir, dice elle» (p. 103-116) propone que los signifiantes «trans» e «iel» (elle) funcionen como versiones del Nombre-de-las-hermanas, tan competentes como las del Nombre-del-padre para sostener la metáfora paterna. Esta propuesta no recusa la función llamada paterna: la libera de su ropaje paternalista y patriarcal, conforme a la invitación de Lacan de prescindir del Nombre-del-padre a condición de servirse de él (p. 14). Esta propuesta tendrá consecuencias para la comprensión de la psicosis, de las suplencias y de los modos de anudamiento contemporáneos.

En quinto lugar, despliega de nuevo la bisexualidad psíquica. El capítulo «El inconsciente no es bisexual. Elle es la bisexualidad» (p. 97-110) hace del pronombre «iel» (elle) el significante capaz de ilustrar la constitución bisexual de los seres-hablantes, recordando que el inconsciente es la bisexualidad, y no a la inversa (p. 117). Bourseul reinscribe en el corazón de la teoría freudo-lacaniana un elemento que con demasiada frecuencia había sido eclipsado. La bisexualidad psíquica ya no es un resto embarazoso de la teoría de los Tres ensayos: se convierte en el pivote mismo de la comprensión de la sexuación y de sus mutaciones contemporáneas.

Conclusión: una ética de la errancia

Del género a la a-sexuación es un libro exigente, que no se entregará sin esfuerzo. Pide a sus lectores y lectoras que acepten desorientarse, perder los puntos de referencia familiares, atravesar las fórmulas en lugar de servirse de ellas como escudo. Es la condición misma del pensamiento analítico, que el autor califica de «errancia irreverente».

Para los psicoanalistas de todas las orientaciones, esta obra constituye una invitación a retomar el trabajo allí donde la comodidad de la repetición lo había congelado. Lo real del sexo no cesa de no escribirse, y los sujetos que recibimos continúan inventando maneras inéditas de tratar esta imposibilidad. La a-sexuación no es una teoría más: es una herramienta para no retroceder ante lo que nuestros pacientes nos enseñan, por el rastro y a la letra, sobre el devenir de las sexuaciones.