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El inconsciente no es bisexual. Es la bisexualidad
Publicado en internet, noviembre de 2022.
A continuación, el texto de una intervención oral, que tiene como objetivo sugerir las modalidades y condiciones necesarias para superar la binariedad, desde la perspectiva psicoanalítica. La referencia a las aportaciones teóricas del campo del psicoanálisis es, aquí, muy claramente aproximada, para limitar la exposición, de los 20 minutos concedidos, a la evocación de modos de pensar.
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Hola a todos y todas, y a los demás,
Voy a empezar contándoles algunas tonterías, para introducir con algunas metáforas y analogías mi argumento principal que vendrá en la conclusión.
Practico el psicoanálisis, no muy lejos de aquí, en la frontera del Marais, distrito 4, y del Marais, distrito 3.
Durante mucho tiempo me acosté temprano, pensando, desde mi llegada al barrio que ya empieza a ser antigua, que el Marais del distrito 4 tenía algo diferente, una especie de algo más, en comparación con el Marais del distrito 3.
Más cerveza, más bares gais, más Rolex, y sobre todo, cada vez más consumidoras y consumidores que, cada fin de semana, vienen a celebrar el capitalismo mórbido del centro de la ciudad como un tsunami de tarjetas de crédito en erección.
El Marais del distrito 3 es diferente, tiene más museos, más palacetes, más restaurantes ecológicos, más tiendas de CBD.
Y no era el único en notar esta diferencia. Cada año, cuando los turistas preguntan durante los últimos días de junio, ¿Por dónde está el Marais? Buscan la rue Sainte Croix de la Bretonnerie, no la rue Chapon.
Luego apareció una nueva distinción, bajo la denominación de Haut-Marais.
¡Badabum!
¡La desclasificación!
En un abrir y cerrar de ojos, pasé del Marais al Marais de abajo, que algunos llaman el Marécage.
¡La destitución subjetiva!
Así que cambié de barrio, sin mudarme. Las cualidades de antes se convirtieron en defectos o nuevas cualidades. El cursor se desplazó, mi lugar de vida cambió simbólicamente, por la competencia de los nombres, e imaginariamente sobre todo, por la modificación de la representación fantasmática de los lugares.
Una identidad puede, por tanto, ocultar otra, las transiciones de una identidad transforman otra, sin necesidad de pedirle su opinión, ni siquiera de desplazarla: el cambio de espacio y de lugar de la subjetividad, la transformación de una identidad se opera también, y sobre todo, sin movimientos aparentes, aunque ilustrados en la realidad. La identidad es un fantasma, bienvenido/a/es al Metaverso.
Los espacios se modifican, me desplazo, mi entorno impulsa, por sus transformaciones, mi transición continua hacia modalidades de existencia que siempre me son, en primer lugar, desconocidas. ¿A qué Marais me identifico ahora? ¿Cómo proceder para saberlo? Un solo método, como siempre: seguir al Conejo Blanco y unirse a Alicia al otro lado del espejo.
La experiencia subjetiva, tal como la percibimos conscientemente, siempre sigue una lógica de cara a cara, donde la alternancia binaria del uno o el otro es vivida de esta manera por cada uno/a, «estoy o no estoy», «soy o no soy» etc.
El argumento de esta sesión propone interrogar la binariedad en tanto que representaría la función estructurante de la diferencia de los sexos, constituyendo esto, hipótesis, un callejón sin salida, un punto muerto para el psicoanálisis así como para la sexología en sus intentos de superar la binariedad.
Para reflexionar sobre esta cuestión, he elegido tratar el destino de otra noción, la bisexualidad psíquica. Por una simple y buena razón: creo que existe un vínculo entre ciertas comprensiones erróneas de la bisexualidad psíquica y las dificultades encontradas en los intentos de superar la binariedad. Mal comprendida, la bisexualidad psíquica fomenta un aplastamiento, un fracaso de los intentos de superar la binariedad. Esta es mi hipótesis. Este es el camino que yo mismo he tomado, empezando por equivocarme.
No retomo la historia de esta noción de bisexualidad psíquica, conocida como una de las principales propuestas freudianas a principios del siglo XX, cuyas sutilezas de esta emergencia durante el intenso y subliminal diálogo entre Freud y Fliess. Todo esto está disponible en obras y artículos, incluyendo La homosexualidad de Freud, de Lionel Le Corre.
Dudé con otro título, que habría sido El inconsciente no es relativo, sino cuántico. Luego pensé que una exposición de física cuántica iba a ser dura para un miércoles por la mañana, así que nos quedamos con una exposición de psicoanálisis (es mucho más ligero, ¿verdad?).
Otro título más, habría sido: ¿Por qué tres es mejor que dos? Otra forma de decir e interrogar las condiciones de éxito o fracaso de lo que se espera y se percibe como una apertura, como una superación de la pareja, pero que, muy a menudo, debido a las economías de energía forzadas del aparato psíquico, que no le gusta ni el cambio ni el gasto, se empantana muy a menudo en el espectro binario, para nunca alcanzar lo que sería el 3, y contentarse con su descomposición aritmética.
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Salir de la binariedad es una esperanza y un objetivo psicoanalítico histórico, aunque no haya tenido la trayectoria que merecía y siga hoy afectada por un severo oscurantismo por parte de numerosos/as practicantes y teóricos/as del psicoanálisis. El ejemplo más fácil de identificar es este intento de Freud de salir de la pareja psique/soma con la introducción de la concepción económica, tópica y dinámica del aparato psíquico, para hacer valer el inconsciente como hipótesis.
Desde entonces, esto tiene consecuencias ineludibles en la forma de pensar los determinantes psíquicos de la vida sexual, en particular.
En esta perspectiva psicoanalítica, el más allá de la binariedad no es la no-binariedad —no hablo de las afirmaciones identitarias no binarias que son perfectamente capaces de cuestionar la binariedad en la realidad y en los discursos—, por lo tanto, el más allá de la binariedad no es la no-binariedad, ni su única extensión o aparente completitud que le proporcionaría una especie de terceridad ilustrada y garantizada en apariencia por la existencia del 3.
Porque salir de la binariedad, por la no-binariedad u otro medio a definir, pasar del 2 al 3, choca con la identidad binaria, con la identidad del 2 que habría que poder deshacer o destruir.
Numerosos intentos retóricos y/o performativos se experimentan sin lograr siempre superar esta trampa, casi inevitable, de ser capturados, en esta dichosa realidad, por la trinidad que hace del tercer término, o del tercer sexo, o de la bisexualidad aparente de ciertas prácticas sexuales —atrapada entre heterosexualidad y homosexualidad—, un eterno entre-dos que tiene el culo entre dos sillas, y cuya función se reduce a la confirmación de la validez del 2 que le precedía.
En otras palabras, aumentar el número de términos, a partir del 2, para pasar al 3, es una operación que puede reducirse a una simple adición, o un simple añadido. Este paso del 2 al 3, si no reforma la existencia misma del 2, no puede relanzar las identificaciones y reformar las identidades.
Si pasar del 2 al 3 resulta en un 2+1, es marketing. Funciona para vender lotes de champú, juega con la acumulación o la serie que, ni una ni otra, son verdaderos vectores de expansión, sino medios de adquisición.
Pasar de lo binario a su superación, que no es necesariamente lo ternario, es más complicado de lo que podíamos esperar. En otras palabras, pasar del 2 a su más allá no es llegar al 3, se trata más bien de acceder a una cierta disposición del 3, a una cierta organización estructural del 3 que lo obliga a superar los límites acumulativos del 2+1, o del 1+1+1.
Esta es la iniciativa y la explicación de Lacan con su propuesta de lo Real, lo Simbólico, lo Imaginario, con el objetivo de llevar más lejos la experiencia del saber del psicoanálisis.
No le bastó con proponer tres términos para salir de la tentación del dos. Aún tuvo que precisar las modalidades de sus articulaciones, de sus relaciones esperadas liberadas de la dialéctica clásica. Para ello, encadenarlos entre sí, estos tres términos no eran suficientes, incluso habría sido completamente contraproducente.
Los tres términos, de la concepción de los registros Real, Simbólico, Imaginario, están anudados, y no encadenados en una secuencia.
Un nudo no es una cadena, esto marca una primera diferencia que podemos calificar de dinámica. Primer cambio, primer paso para salir de la dualidad.
Pero esto todavía no es suficiente. Aún es necesario precisar la espacialidad de este anudamiento, y no solo su dinámica. Interviene entonces la cualidad borromea de este anudamiento. El nudo borromeo, para un rápido recordatorio, tiene la especificidad de que los tres aros de cuerda que lo constituyen están anudados, y no encadenados, los unos a los otros, y no entre sí, de una manera tan particular que el corte de uno solo de los aros es suficiente para liberar los otros dos.
Tenemos, por tanto, dos cualidades identificables en este intento de salir de la binariedad: el aspecto dinámico y el aspecto espacial. Podríamos decir, con Freud, la cualidad dinámica y la tópica.
Pero esto todavía no es suficiente para alejarse del riesgo de que estos tres elementos se reduzcan a una mecánica dual, que representa en la realidad simplista que vivimos con bastante frecuencia, una forma de aparente comodidad, muy insatisfactoria en el plano de la experiencia del saber.
Con el nudo borromeo, Lacan hizo de lo económico no una modalidad de transacción o una identificación de flujos, sino su fijación por su determinación más inasible, a saber, su causa, el famoso objeto a plantado en medio del nudo borromeo, allí donde no hay nada, sino un irreductible, que como un agujero negro activa un movimiento, incluso lo garantiza.
Esta causa no es un cuarto término cuya consistencia o naturaleza se asemejaría a los tres elementos que lo preceden aquí, sino un más allá de los tres términos o de los tres elementos mismos, este falso cuarto elemento, que es el a, es un no-objeto para los 3 elementos de un nudo que, gracias a él, escapa a su destino de cadena.
Para tener una pequeña posibilidad de que este 3 no se reduzca a 2+1, se necesita esta x, que lo aumenta tanto como lo descompleta.
Lo que nos da esta escritura herética, pero también es una verdad de la experiencia psicoanalítica.
Pasar de la binariedad a su superación, tendría, por tanto, algunas posibilidades de éxito bajo varias condiciones —espacial, dinámica y económica, sin olvidar lo que le impide constituirse como una identidad del 3. He aquí una pista feliz que se abre, pero que es difícil de escuchar y admitir, la superación es posible a condición, como habrán comprendido, de renunciar o de superar la identidad misma de la superación, lo que sin duda no es el caso, por el momento, de la binariedad versus no-binariedad, que siempre corre el riesgo de desempeñar el papel de asiento plegable, debido a la necesidad, en la realidad, de mantener posiciones de combate.
¿Por qué encontramos estas dificultades? Simplemente, creo, porque pensamos este asunto construyendo una representación mental de la realidad de las experiencias sexuales y afectivas, por ejemplo, de lo que puede ser o no ser. Olvidando que la realidad es una ficción, una superficie con agujeros.
Gracias a este error común, humano se podría decir, a menudo volvemos a un pensamiento reducido a considerar lo que sucede para uno con respecto al otro, y recíprocamente, sin lograr nunca hacer intervenir lo que no es ni de uno ni del otro ni de su superación, y que sin embargo determina la posibilidad misma de su existencia: lo que se les escapa, lo que llamamos el inconsciente, lo que es la causa del deseo, o incluso el deseo mismo que solo localizamos al interpretarlo.
En consecuencia: en el inconsciente, ninguna diferencia de los sexos, sino solo la discreción, en tanto que identificación, distinción, del otro de lo sexual.
Así es como entiendo la bisexualidad psíquica constitutiva.
No es una forma de decir la posibilidad de ser masculino y femenino al mismo tiempo (nociones ineficaces en psicoanálisis), o de ser hombre y mujer al mismo tiempo (nociones válidas en psicoanálisis como significantes, no como verdades sexuales), etc. Esto sería un pensamiento de la bisexualidad psíquica sometido a la superioridad imaginaria de la realidad.
La bisexualidad psíquica constitutiva significa que uno es, digámoslo simplemente, o cuánticamente hablando: Y hombre Y mujer Y gay Y trans, no al mismo tiempo, sino en un mismo lugar: el inconsciente.
El inconsciente, que les recuerdo que no conoce el tiempo, así que no hay forma de pensarlo desde una perspectiva macronista como el «al mismo tiempo», tan característico, por otra parte, de la negación.
El inconsciente no es bisexual, es la bisexualidad psíquica constitutiva, porque el inconsciente no es tanto relativo como cuántico. Ahí reside un cambio de perspectiva, que sin embargo está presente desde las propuestas históricas de Freud al respecto, y retomada por Lacan y otros. Un cambio, también, epistemológico, para responder, en cierto modo, a Paul B. Preciado —este filósofo cuántico en muchos aspectos— sobre la urgencia de una salida de la binariedad como representante de la diferencia sexual, y por lo tanto abandonar la diferencia sexual como fundamento epistemológico del psicoanálisis.
Les recomiendo la lectura de su conferencia Soy un monstruo que les habla, y también la lectura de su último libro Dysphoria Mundi, para recorrer el mundo entero de Paul B. P. y sus cualidades creativas y resistentes.
Así es como concibo la posibilidad de que el psicoanálisis no se revuelque en el binarismo o el no-binarismo, si se contenta con ser solo su opuesto, que siempre corre el riesgo de reducirse a su simple contrario, allí donde se espera de la contradicción perpetua, fuera de la temporalidad, una contradicción espacial continua, al replantear de nuevo lo que es la bisexualidad psíquica constitutiva que hay que liberar de las interpretaciones demasiado rápidas de las que aún padece.
Pero entonces, me preguntarán, ¿qué fundamento epistemológico de reemplazo?
Pues quizás ninguno, o todos. No lo sé. Quizás solo el otro de lo sexual, como un astro del que no tendríamos que decir la constelación a la que pertenece para asegurar nuestra sed de dominación por el conocimiento, un otro de lo sexual no localizable, sin representación, sin sexo, sin identidad, conocedor de las diferentes modalidades de goce y de las posibilidades de paso, de transición de unas a otras no por las leyes de la relatividad, sino como estados entrelazados tal como la física cuántica nos enseña poco a poco.
Esto quizás sea accesible mediante una reconceptualización de la bisexualidad psíquica.
No podemos saberlo antes de hacer la experiencia que, ella sí, nos lo hará saber, a posteriori.
Esto es lo que permite, lo que yo llamo la transpectiva, o la perspectiva trans, que no es una pregunta, sino la respuesta más rica, más proteiforme, más inestable, más creativa, más entusiasta (en el sentido de la alegría de saber), pero también la más contestada y combatida de todas las evoluciones sexuales fundamentales que la humanidad habrá encontrado hasta ahora, para no quedarse boquiabiertos y pasmados ante las apariencias o las costumbres de nuestra Cultura, de nuestra Civilización.
Si esta aventura sigue siendo rechazada, como lo es actualmente, solo nos queda el conservadurismo reaccionario que conocemos muy bien, dentro y fuera del psicoanálisis, dentro y fuera de la sexología probablemente.
Más allá, y concluyo, que fuera de esta perspectiva, alucinatoria primero, necesariamente psicodélica, el psicoanálisis mismo correría el riesgo de desaparecer como práctica social.
Nótese también que sin la posibilidad del «iel», no hay forma de acceder a este escrito, tal como delimita un punto de real adicional relativo al inconsciente. Es un efecto beneficioso, un efecto de saber de la escritura epicena.
Gracias por haberme escuchado.
VB