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Emergencia y manejo del “género” en la clínica, de la sustancia al objeto
Clínicas Mediterráneas, 2014/90, p. 139-152.
El género no es una noción psicoanalítica, y su definición en nuestro campo epistemológico sigue siendo difícil. Sin embargo, hoy en día no podemos pretender ignorar sus efectos, su presencia, ni las preguntas que suscita. Las nuevas figuras del género están presentes en la actualidad de la sexualidad desde hace más de treinta años, la sociedad se ve interpelada en sus leyes 1, el psicoanálisis mismo se encuentra cuestionado por el género 2, en sus fundamentos, en su práctica, en su experiencia. El clínico y el analista, por lo tanto, hacen un uso del género en la clínica, lo quieran o no, se den cuenta o no. Así, salvo que nos arriesguemos a hacer de Monsieur Jourdain y permanecer en la ignorancia de nuestras prácticas, debemos abrir las siguientes preguntas: ¿qué hacemos con el género? ¿Qué sabemos de él? Se trata de esclarecer los intereses del género en la clínica psicoanalítica y los desafíos epistemológicos que esta noción implica. Por supuesto, también se trata de nuestra técnica y nuestras perspectivas terapéuticas. Con Marc, un joven trans de 22 años, nos encontramos con la cuestión de saber si el género 3 como
objeto podía ser empleado como objeto de adicción, o como proceso adictivo. Un proceso de objetalización, de fabricación del objeto, que nos permitió considerar el camino que va de la sustancia al objeto, cuando el cuerpo se imaginariza y se constituye, desde las carnes hasta su toma especular y no especular. La transferencia acoge entonces gestaciones y construcciones que tienden a sostener una adaptación de la sexuación de la cual el género se hace vector.
el género sustAntificado
Marc 4 tiene 22 años cuando nos encontramos por primera vez, en el marco de una consulta en mi consulta. Su demanda inicial, tal como la expresa, se refiere a su proceso de transición, para el cual desea tener un espacio para pensar y avanzar en este “viaje sexual”. Como no soy psiquiatra, este seguimiento “psicológico” no puede integrarse en el marco del seguimiento obligatorio que el protocolo oficial exige en Francia para este tipo de acompañamiento, cuando se desea el tratamiento hormonal y luego una operación quirúrgica 5. Pero este no es el deseo de Marc, quien ya toma hormonas, en el mercado negro. Y, sobre todo, no desea ninguna operación quirúrgica, por lo que no tiene “interés” en integrar un seguimiento oficial de transición. Marc trabaja; tiene un empleo en el sector comercial, es vendedor. Vive solo en París, donde creció. Sus ingresos le permiten vivir cómodamente según él, asegurar el avance de su proyecto de “viaje sexual” y pagar sesiones de “psicólogo”. Marc es un chico trans, heterosexual, a quien le gustan las chicas, las mujeres o las personas trans femeninas, así me precisó el perímetro de su heterosexualidad 6. Él
nunca había visto a un “psicólogo” antes de conocerme. ¿Cómo me eligió? Porque uno de sus amigos, que viene a verme, le dio mi dirección y mis datos de contacto. Iniciamos el seguimiento, con una entrevista semanal para empezar.
Muy rápidamente, la cuestión de las hormonas cobra importancia en el discurso de Marc. Acaba de empezar este “tratamiento”, que él denomina así aunque no se beneficia de prescripción médica ni de cobertura financiera de dicho tratamiento. Su suministro es regular, similar a los métodos utilizados por algunos deportistas para conseguir testosterona. Con un seguimiento médico y una prescripción en debida forma, Marc podría beneficiarse de un tratamiento de Testogel® 7, una pomada. Por diversas razones, se procura testosterona inyectable intramuscular, que se aplica él mismo, tras haber recibido algunos consejos de una amiga enfermera. Marc goza de buena salud, sin infección particular ni dependencia a ninguna droga. Duerme bien, y el apetito “no pide su resto”, como él dice. Fuma tabaco irregularmente y consume alcohol ocasionalmente, y de forma festiva. Nunca se ha inyectado drogas, a veces ha esnifado cocaína y bebido GHB 8, durante las relaciones sexuales. Si el carácter del tratamiento autoadministrado le parecía evidente al principio, y fácilmente vivible en su representación de sí mismo, el tiempo pasa y, ahora, esta práctica se parece cada vez más a un uso toxicomaníaco que le desagrada. Los primeros efectos de la testosterona a nivel psicológico ya no aumentan; Marc se ha acostumbrado globalmente a las novedades de los caracteres masculinos (aumento de la libido, mayor impulsividad). Por el contrario, las transformaciones corporales ganan terreno poco a poco, pero son progresivas (pilosidad, voz, musculatura), y requieren regularmente un ajuste psicológico: modificación de la imagen corporal, nueva designación de ciertas partes del cuerpo (las piernas se convierten en muslos, por ejemplo). En este contexto, Marc acepta mi recomendación de iniciar un seguimiento médico ordinario para el tratamiento hormonal, y por lo tanto de detener su experimentación solitaria. Esto le parece posible, mientras que al principio de su proceso de transición, reivindicaba una iniciativa más libertaria. El médico acepta el seguimiento y prescribe los tratamientos de sustitución a Marc, quien se aplica la pomada diariamente. A partir de este momento, una especie de estabilidad del proceso de transición se hace evidente; la fase de lanzamiento ha pasado, los seguimientos médicos y psicológicos están en marcha. La relación transferencial conoce días más tranquilos que al principio. Han transcurrido varios meses. Los avatares técnicos de su transición ocupan menos espacio; el tratamiento es una rutina; puede dar rienda suelta a su pensamiento, durante las sesiones, y el contenido del material psíquico aportado cambia considerablemente, gracias a esta estabilidad de seguimiento.
«El Testogel®, es como una droga ahora, no puedo prescindir de él… Bueno, una droga, no realmente; es más bien como un producto de belleza, es mi esencia personal… Porque en el fondo, la testosterona, es una sustancia; es química que me penetra por la piel, pasa a mi sangre e irriga todo mi ser. La siento en mí, circula por mis venas. Desde la primera toma, es siempre lo mismo, siento cuando hace efecto, como una droga, vaya.»
La toma diaria de testosterona por vía percutánea marca ahora el ritmo de la vida de Marc. Ciertamente, el inicio de este tratamiento hormonal no es el único factor que marca el comienzo de la transición, ya que esta debe evaluarse con otros factores, pero es un marcador diario y significativo. Marc se aplica la pomada hormonal en los muslos al despertarse. Así, su toma de hormonas sigue calificándose de “toma” y no de aplicación, aunque no se ingiera en comprimido, a diferencia de un tratamiento per os. No se asocia con el aseo, ni con el desayuno, ni con la vestimenta. Es un momento aparte, un momento fronterizo entre el final del sueño y el levantarse; esto nos parece significativo.
de lA sustAnCiA Al objeto
Desde la primera toma de hormonas, algo ha cambiado en el interior. El sentimiento general es atravesado, poco a poco, por una nueva atmósfera, luego por nuevos sentimientos, nuevas ideas, nuevos comportamientos, nuevos deseos. Marc sitúa, de hecho, la naturaleza de estas novedades entre lo que considera el advenimiento tardío de un yo finalmente liberado, devuelto a sus sensaciones, como si estas siempre hubieran sido percibidas en el interior, esperadas, soñadas, anheladas, fantaseadas, y la hormona les diera forma y cuerpo. La testosterona, al actuar sobre el humor, el pensamiento, las sensaciones y el cuerpo entero, ha abierto el camino a un nuevo ser. Marc no habla de ello como un renacimiento, ni como la extracción de una personalidad masculina que habría estado prisionera de un cuerpo femenino antes de ser liberada. De hecho, critica voluntariamente esta representación común de los procesos de transición de género o de sexo, a veces reivindicada por las propias personas, donde la naturaleza habría engañado a una personalidad de mujer atrapándola en un cuerpo de hombre,
o viceversa. Es que Marc considera estar en transición de “género”, no en transición de “sexo”, aunque emplee la fórmula “viaje sexual”. No contempla recurrir a la cirugía para beneficiarse de una reasignación sexual, de una faloplastia en su caso. Si bien la ablación de sus senos se contempla a medio plazo, esta operación no entra, desde su punto de vista, en una modificación corporal que afecte al sexo, porque no es genital según él. Su recorrido es, para él, todo lo contrario al enfoque quirúrgico; no tiene nada que ver con transformaciones estéticas porque sean visibles desde fuera. La testosterona abraza en su corazón a quien él tiende a ser, no para parecerse a un hombre, aunque esto también sea importante, sino para ser un hombre desde el interior del cuerpo, desde su espíritu, sus pensamientos, donde reside para él la verdad del Hombre. Sin embargo, no podemos ignorar la realidad de las transformaciones, visibles desde fuera, que la testosterona induce. Varios elementos nos invitan a la discusión aquí. La evocación de un comportamiento adictivo, en la aplicación diaria de hormonas, subraya la repetición, de la que hay que poder decir qué encubre. La testosterona no deja de inducir efectos: pilosidad, textura de la piel, calidad del cabello, aumento de la masa muscular, modulaciones vocales, tantos efectos corporales que resuenan con los sentimientos, ideas, afectos y comportamientos cambiantes, de dimensión psicoactiva, mencionados anteriormente. Además, su penetración en el organismo a través de la piel acentúa esta idea de sustantificación del “ser Hombre” en bálsamo. El Testogel® es entonces una especie de unción dotada de poderes de transformación que podemos asimilar, cuando se toma, a una dosis 9, o a un encanto mágico. ¿Es un chute por ello? No hay flash, como lo provoca una inyección intravenosa de heroína, aunque debe destacarse el registro por parte de Marc de un efecto pico, unos minutos después de la aplicación de la pomada. La coacción corporal que la definición de la adicción 10 nos anima a identificar, para apreciar el interés de este recurso conceptual 11 en nuestra elaboración, no es flagrante. Por el contrario, el “enganche” –como se dice de una droga a la que uno se engancha– percibido aquí testimonia otra dimensión del vínculo, incluida la dependencia, cuando este contribuye al ser-en-el-mundo. La puesta en juego de la envoltura corporal ocupa, en el discurso de Marc, el primer plano; es un dato importante.
Este apuntalamiento por la piel, donde las sensaciones nacen antes de propagarse, puede leerse con la concepción de Anzieu desarrollada en El Yo-piel 12. Bajo esta luz, ¿son las sensaciones descritas por Marc aquellas que el lactante percibe y en las que se apoya durante los primeros tiempos de su vida aérea? ¿Aparecen como el objetivo del tratamiento, un posible tratamiento de este apuntalamiento histórico (al menos su desarrollo), más aún su persistencia en el presente? La pomada pasa por esta superficie de apoyo y puerta de entrada que es la piel, para alcanzar las sensaciones internas y modificarlas. La historia y la herencia mnésica de Marc son directamente convocadas por esta maniobra que las consagra como expresión de lo infantil. ¿Es terapéutico, puesto que se trata de un tratamiento? ¿Qué aportan o despiertan estas novedades sensacionales de la experiencia de Marc? Es imposible responder a esta pregunta aquí 13, pero debemos notar cuánto las propias modalidades del modo técnico de su transición toman prestadas, fortuita o afortunadamente, las vías de su construcción subjetiva, y deben ser percibidas como tales. La transición prolonga, retoma, repara, enmienda, distingue o renueva lo que, para el sujeto en devenir, no es más que transición, desde su prehistoria, en el paisaje sexual. La clínica nos obliga a pensar estos datos en este movimiento y nos anima a leer el enfoque de Marc como un eco de sus construcciones e identificaciones subjetivas, desde la sustancia hasta el sujeto, pasando por el objeto.
el género, ¿objeto de Adicción?
Menos adicción que sustantificación, o puesta en juego de la sustancia, sin embargo, debemos aclarar el uso por parte de Marc de esta referencia a la droga y a la dependencia física y psíquica. Sobre este punto, el testimonio escrito de Beatriz Preciado 14 nos ilumina. La filósofa expone, en Testo Junkie 15, las etapas de su toma diaria de testosterona durante 248 días. Es la ocasión para la autora de desarrollar su reflexión en torno a las cuestiones de sexo y género, y de las políticas sexuales. El título evoca la adicción a la “testo”, y el contenido del relato precisa el perímetro de este enfoque. Sus performances se inscriben en una perspectiva completamente diferente de un proyecto
Este apuntalamiento por la piel, donde las sensaciones nacen antes de propagarse, puede leerse con la concepción de Anzieu desarrollada en El Yo-piel 12. Bajo esta luz, ¿son las sensaciones descritas por Marc aquellas que el lactante percibe y en las que se apoya durante los primeros tiempos de su vida aérea? ¿Aparecen como el objetivo del tratamiento, un posible tratamiento de este apuntalamiento histórico (al menos su desarrollo), más aún su persistencia en el presente? La pomada pasa por esta superficie de apoyo y puerta de entrada que es la piel, para alcanzar las sensaciones internas y modificarlas. La historia y la herencia mnésica de Marc son directamente convocadas por esta maniobra que las consagra como expresión de lo infantil. ¿Es terapéutico, puesto que se trata de un tratamiento? ¿Qué aportan o despiertan estas novedades sensacionales de la experiencia de Marc? Es imposible responder a esta pregunta aquí 13, pero debemos notar cuánto las propias modalidades del modo técnico de su transición toman prestadas, fortuita o afortunadamente, las vías de su construcción subjetiva, y deben ser percibidas como tales. La transición prolonga, retoma, repara, enmienda, distingue o renueva lo que, para el sujeto en devenir, no es más que transición, desde su prehistoria, en el paisaje sexual. La clínica nos obliga a pensar estos datos en este movimiento y nos anima a leer el enfoque de Marc como un eco de sus construcciones e identificaciones subjetivas, desde la sustancia hasta el sujeto, pasando por el objeto.
el género, ¿objeto de Adicción?
de transición que busca desplazarse o redefinirse en el paso sexual ordinario; los objetivos de Beatriz Preciado no coinciden con los de Marc. Digamos que el proyecto de Preciado no es un proyecto de transición; ella se sitúa más bien en una exploración intelectual y sensorial en el marco de su investigación, que encuentra aquí su forma de performance. Ella anuncia:
«No tomo testosterona para transformarme en hombre, sino para traicionar lo que la sociedad ha querido hacer de mí, para escribir, para follar, para sentir una forma de placer post-pornográfico, para añadir una prótesis molecular a mi identidad 16.»
Esto nos remite mucho más al discurso “no futuro” de una cultura toxicómana de los años ochenta, o a un ejercicio retórico, más que a la exposición de las necesidades que presiden el compromiso en un proceso de transición tal como lo encontramos en la clínica. Sin embargo, la exploración de su “intoxicación voluntaria”, tal como este texto nos permite apreciar todos sus refinamientos, pone de manifiesto representaciones identitarias corrientes y clínicamente identificables, que vinculamos a la invisibilidad social de las identidades trans masculinas – FtM. Recordemos a este respecto que los procesos de transición FtM y MtF, tal como los identificamos por estas letras que sugieren una simetría que no existe, tienen en definitiva poco o nada en común, tendremos ocasión de volver sobre ello en detalle 17.
Entonces la dependencia a la sustancia puede entenderse en el umbral de la investidura libidinal objetal, cuando del narcisismo se desprende un poco en favor del exterior, tal como Freud nos propone su lectura en 1914 18. De la cosa al objeto, en cierto modo, tal es el camino que la transición por las hormonas quizás ofrece recorrer un poco. Es que el producto ya es un objeto, que puede convertirse en objeto de adicción u objeto fetiche, hablaremos de ello. Si la sustancia puede entonces pensarse como un requisito previo al objeto, lo que no implica que deba ser precedida por él, algunos de ellos pueden presentarse de entrada al sujeto, el objeto fálico por ejemplo.
Pensar la aplicación de testosterona como un consumo de drogas pone de manifiesto, más allá del producto que no es necesariamente, lo que la sustancia, sin embargo, produce en el lugar del sujeto en devenir. Sentido,
percibido, experimentado, este es un registro que nos invita a pensar en la noción de represión originaria, cuando, siguiendo las huellas de una vivencia cuya modalidad de pérdida implica que su reencuentro no se produzca del mismo modo que lo reprimido ordinario, nos vemos llevados a señalar sus apariciones con el paciente que tantea. Esta sustancia preobjetal o periobjetal se confunde con la materialidad del cuerpo mismo, su biología, su carácter orgánico vivo. ¿Puede la transición con la toma de hormonas y sus efectos señalar su retorno? Sostenemos aquí que el uso del género testimonia más ciertamente un proceso de elección de lo que representa y de la función que cumple para el sujeto, pero mucho menos el apaciguamiento del objeto de adicción del que, sin embargo, se le reviste en su presentación. Porque el soporte o apuntalamiento que hace posible no cortocircuita el camino de los afectos, muy al contrario 19.
mAnejo del género en lA ClínicA
Puesto que el género emerge, su utilización no procede, según nosotros, de un empleo del que sería posible obtener beneficios o acciones, sino más bien de un manejo. Nuestra concepción, en este punto, difiere radicalmente de las críticas formuladas contra aquellos que se ilusionarían con un “empleo” del género, tal como Charles Melman argumenta 20 con otros. Aquellos que lo utilizan –los pacientes– no recurren a él como una inversión objetal que apuntala la identidad o protetiza el cuerpo. Pasan por el género por necesidad. Permite reconsiderar los impasses o las dificultades subjetivas porque se articula, como proceso simbólico y objeto imaginario, con el sexo que definimos como instancia imaginaria y objeto simbólico –tal como la Clínica del género en psicoanálisis 21 nos enseña y en virtud de lo cual su relación no es de complementariedad sino de anudamiento. En esta configuración de la relación sexo-género, el género es un vector de sexuación susceptible
- J. McDougall concibe que el recurso al objeto adicción busca el cortocircuito de los afectos, en un intento de apaciguamiento y gestión.
- C. Melman, “Editorial”, Le bulletin lacanien, n.º 4, Sex and Gender, París, Association lacanienne internationale, 2008, p. 9-11.
- Con motivo de nuestra tesis doctoral “Clínica del género en psicoanálisis”, hemos definido el género, el sexo y la sexuación en sus correspondencias con los registros imaginario, simbólico y real a partir de su cualidad de objeto, de proceso y de instancia. El resultado nos ofrece las siguientes coordenadas:
| Imaginario | Simbólico | Real | |
| Género | objeto | proceso | instancia imposible |
| Sexo | instancia | objeto | proceso imposible |
| Sexuación | proceso | instancia | objeto imposible |
de obrar en la edificación de representaciones de lo sexual en la realidad social del sujeto (incluida la identidad sexual, por ejemplo). La cura psicoanalítica apuntaría aquí a las condiciones de esta construcción. Se distinguen varios tipos de manejos, nuestro ejemplo ilustra en particular un manejo del género a partir del objeto imaginario, pero existen otras vías de acceso, volveremos sobre ello. Conviene, por lo tanto, identificar este manejo del género en el espacio transferencial, distinguiendo los elementos que corresponden al contratransferencia o a la parte del analista, del trabajo psíquico realizado por Marc.
A partir del género en sustancia, Marc ha fabricado poco a poco algo en relación con su cuerpo, un cuerpo nuevo y renovado. Esta producción se ha manifestado en alternancia de momentos de travesía de lo informe 22 de una gran desestabilización subjetiva, siempre vividos al borde de la ruptura. Se han producido síntomas de despersonalización y alucinación, siempre fugaces, siempre criticados, que hemos logrado, con mayor o menor dificultad, repatriar cada vez a la creación psíquica en curso en el espacio transferencial. Crisis de angustia han requerido temporalmente el apoyo de un tratamiento medicamentoso, en colaboración con un psiquiatra asociado. Los trastornos sensitivos y las producciones casi delirantes no han sido tratados con medicamentos antipsicóticos u otros, de acuerdo con el médico psiquiatra. Su breve temporalidad nos ha animado, en cada etapa, a integrarlos sucesivamente al trabajo analítico, su estatus entonces más bien de una desubjetivación en curso que merecía ser acogida en la transferencia para encontrar allí su resolución.
Marc ya nos había demostrado su capacidad para manejar el género como un proceso simbólico movilizado en una reinversión progresiva del cuerpo y del lenguaje, en particular mediante la producción de nuevas palabras encargadas de designar cada una de las partes de su cuerpo, una tras otra, como una reedición del descubrimiento primario. Este momento fecundo del trabajo dio paso, después de algunos meses, a la liberación del género como objeto imaginario, cuya composición encontró primero su forma y su materia en esos momentos de travesía de lo informe. Es que la apertura inducida por el recurso al género ha comprometido la creación de un sexo nuevo –y no solo de un nuevo sexo. A este nivel, el analista es puesto a contribución de una manera específica cuando el imaginario del género se invita en él para dar cuerpo –es decir, imagen– al género en devenir del sujeto analizante y de este sexo nuevo co-ocurrente del género en el trabajo. Porque si el género es puesto a trabajar, es para reinventar el sexo, como expondremos más adelante.
¿Pero cómo funcionó esto? ¿Qué procesos psíquicos, en particular inconscientes, podemos describir? Cuando el género resuena con su cualidad de objeto imaginario y de proceso simbólico, viene a discutir el sexo en su cualidad de instancia imaginaria y de objeto simbólico, y lo interroga, incluso si ello subraya la precariedad del saber que acompaña su existencia, para el sujeto y para el analista. El sexo así interpelado en su construcción deja aparecer los movimientos identificatorios conocidos, aún desconocidos o por reconocer, de lo que en el análisis del analista pudo iluminar la constitución y la autorización sexual del ser sexuado, el semblante de mujer o de hombre al que el analista se refiere, por ejemplo. Esto compromete el trabajo analítico en la vía de una sexuación pensada ahora como proceso imaginario e instancia simbólica. Este es un primer nivel de puesta en trabajo en el analista del sexo por el género, cuando el analista se propone sostener el deseo de análisis del analizante a partir de los saberes que él mismo ha elaborado por su propia cuenta, sobre su propia cuenta, y que sigue esclareciendo, cada vez que una cura lo invita a desplazarse en cuerpo en la matriz de sus saberes.
Pero las elaboraciones psíquicas, fomentadas por cada avance del trabajo analítico, florecen en la actividad onírica o en las producciones sintomáticas del paciente, pero también en las del analista. Una representación especular y no especular del género se desprende poco a poco del lado del analista. Una parte se deja representar y decir, el analista la piensa o la habla; otra parte colinda fuera del campo del lenguaje, el analista la alberga y la cura.
Esta cohabitación del analista con este género en construcción-elaboración es atravesada por lo que la contratransferencia implica “clásicamente”. Pero define sobre todo un espacio de trabajo donde imaginar el trazado del género en obra y en construcción simultáneas, permite luego que se escriba. Y que se escriba da un borde al fuera de campo de la palabra donde el género puede venir o bien a abrumar e impedir la elaboración del sexo nuevo del analizante, o bien a sostener y dinamizar esta creación que el analista puede asumir como más allá de la matriz, una matriz finalmente tranquilizada del vacío del que se soporta. Este es un segundo nivel del manejo del género por el analista.
En otra vía de acceso al manejo del género, que el caso de Marc nos permite generalizar, retenemos que el género introducido en la práctica analítica permite, en particular, reconsiderar la identidad. La identidad no da cuenta de las identificaciones que la fundamentan en todas sus verdades; esto puede explicar la desconfianza o el desinterés por la identidad por parte de los psicoanalistas. ¿Acaso una cura psicoanalítica no busca, de cierta manera, deconstruir la identidad para renovar las investiduras libidinales que a veces cristaliza demasiado severamente hasta el
punto de generar impedimentos o síntomas para el sujeto? Esta perspectiva de la experiencia psicoanalítica es evidente, pero la cuestionamos hoy. Nuestra sociedad liberal sigue poniendo en órbita las condiciones de un régimen político identitario donde se imponen las virtudes protésicas del carácter identitario. Podemos considerar nuestra inmovilidad o nuestra seguridad frente a esta realidad social, pero también podemos desplazar nuestro punto de vista, la clínica del género nos lo permite.
La identidad se revela con el género como un polo de atractividad narcisista simbólica del que sería perjudicial no apoderarse. Es, de hecho, una forma de definirlo formulando que el género es lo sexual señalado por el narcisismo. Y es en su cualidad de objeto simbólico que el sexo se vuelve entonces accesible e interrogado por este manejo del género que calificamos de simbólico. En efecto, al invitar a la identidad sin temer los efectos de dilución o de síntesis identificatoria que representa, retomamos la huella descrita por Lévi-Strauss en 1975: «[…] la identidad es una especie de foco virtual al que nos es indispensable referirnos para explicar un cierto número de cosas, pero sin que tenga nunca una existencia real. […] un límite al que en realidad no corresponde ninguna experiencia 23.» De este modo, la virtualidad nos ofrece suspender el sexo como objeto simbólico. Podemos, en esta vía, retener el sexo, levantarlo temporalmente, artificialmente, y despegarlo de la identidad que nunca tarda mucho en calificar de sexual. Lo sabemos, la experiencia clínica nos convence, la identidad tarde o temprano acaba por revelarse en su dimensión sexual, es siempre a la identidad sexual a la que llegamos cuando tratamos la identidad en la cura, incluso aplicada a otros elementos narcisistas, ya la abordemos por la biografía, la genética o la herencia familiar. Entonces el género así manejado despliega la identidad y lo que conviene designar como el espectro identitario sexual del sujeto, donde las elecciones de objeto y las investiduras libidinales resultan ser abordables en una nueva dimensión, aquella que finalmente el sexo, relevado de sus funciones simbólicas, permite hacer aparecer. Encontramos allí el camino hacia la sexuación, como proceso imaginario, un proceso inconsciente de nuevo accesible. Podemos resumir esta maniobra así: manejar el género para levantar el sexo y alcanzar la sexuación. El género se convierte en vector de una reescritura de alcance simbólico que busca modificar la sexuación como instancia simbólica, y por ende el sexo como objeto simbólico a su vez, es decir, la identidad sexual del sujeto. El género deshace el sexo y crea el sexo, donde el sexo creado se distingue del sexo deshecho por ser el primero el del individuo perteneciente a la especie, para el segundo el del sujeto que la cura busca realizar.
Para Concluir
El trabajo analítico en curso alcanza, en la intensidad de los objetivos perseguidos, niveles de producción y reajuste psíquico que sin duda afectan a la estructura, lo que a menudo les confiere un aspecto de cruces irremediables. El acompañamiento terapéutico, el acompañamiento psicoanalítico deben aquí afrontar el desafío de una lectura fina de los apuntalamientos que se construyen y elaboran a partir de la relación transferencial. Entonces, ¿quizás el género sea el nombre de este momento de elaboración transferencial que se despliega a propósito del sexo del otro en la cura? ¿Quizás sea el nombre de lo que identificamos como una pista de trabajo donde convendría explorar la función del analista como este
“otro de lo sexual”? ¿Quizás sea el nombre de un lugar del sexo en el psiquismo?
Hemos visto cómo el recurso al género de los pacientes se convierte muy rápidamente en la posibilidad de un manejo del género por parte del analista, si responde a esta invitación que se le hace. Su introducción en el análisis parece poner de manifiesto que la cura ocasiona una potencial creación del sexo nuevo del analizante. Nuestra experiencia con Marc sostiene que su manejo supera entonces la simple renovación del sexo, o el sexo adornado con el género cuando este último es considerado como el equivalente del sexo en lo social. El género, en consecuencia, se impone mucho más como límite entre lo sexual y lo social, lo que el psicoanálisis tiene derecho, y el deber, desde nuestro punto de vista, de esclarecer.
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Resumen
¿Qué hacemos con el «género» en la clínica? ¿Cómo emerge y qué manejo, qué práctica podemos tener de él? A partir de elementos clínicos, este artículo tiene como objetivo describir los usos del género por parte de los sujetos e iluminar la oferta que constituyen para el analista, si este quiere considerarlos como pistas terapéuticas. De la sustancia al objeto, el género interroga nuestro enfoque de la adicción, la incorporación, la edificación del cuerpo, con motivo de una profunda reorganización. Se abren entonces dimensiones y registros, tanto imaginarios como simbólicos, donde el analista puede acoger construcciones psíquicas que trabajan en la disposición de la sexuación del sujeto, a través del género como vector.
Palabras clave
Género, objeto, sustancia, identidad sexual, transexualidad, transgénero, construcciones
EMERGENCIA Y MANEJO DEL GÉNERO. DE LA SUSTANCIA AL OBJETO
Resumen
¿Qué hacemos con el género en la práctica clínica? ¿Cómo emerge y qué manipulación, qué práctica podemos tener de él? A partir de elementos clínicos, este artículo tiene como objetivo describir los usos del género por parte de los sujetos e iluminar la oferta que establecen para el analista, si este quiere considerarlos como vías terapéuticas. De la sustancia al objeto, el género cuestiona nuestro enfoque de la adicción, la incorporación, la construcción del cuerpo, con motivo de una profunda reorganización psíquica. Se abren entonces dimensiones y registros, imaginarios y simbólicos, donde el analista puede acoger construcciones psíquicas que trabajan en la disposición de la sexuación del sujeto, siendo el género el vector.
Palabras clave
Género, objeto, identidad sexual, transexualidad, transgénero, construcciones