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En busca del Más-Uno, cartel y vínculo de escuela
Carnets de l’École de Psychanalyse Sigmund Freud, n.º 85, 2012, p. 17-23.
Para iniciar el debate que podemos mantener hoy, les propongo retomar un fragmento de la experiencia de un cartel en el que participo. Esta experiencia permite desplegar diversas cuestiones. Algunas conciernen a la constitución del cartel, en particular la elección del tema y de su soporte, pero lo que sigue se interesa sobre todo por la elección del Más-Uno y el lugar de la escuela en la creación del cartel y en sus puntuaciones. Por lo tanto, es cartelizando como he pensado presentar lo que sigue. Pero al preparar mi intervención, me he dado cuenta de que mi discurso también se apoya o se enreda en el hecho de haberme ocupado de la «secretaría de carteles y otros colectivos de trabajo». La cuestión del Más-Uno es un punto de partida y el hilo conductor de dos periodos significativos de nuestro trabajo: el primero cubre los seis primeros meses transcurridos entre nuestro primer encuentro y la declaración del cartel ante la escuela (noviembre de 2010-junio de 2011), y el segundo periodo lo que ha sucedido hasta hoy.
Para iniciar el debate que podemos mantener hoy, les propongo retomar un fragmento de la experiencia de un cartel en el que participo. Esta experiencia permite desplegar diversas cuestiones. Algunas conciernen a la constitución del cartel, en particular la elección del tema y de su soporte, pero lo que sigue se interesa sobre todo por la elección del Más-Uno y el lugar de la escuela en la creación del cartel y en sus puntuaciones. Por lo tanto, es cartelizando como he pensado presentar lo que sigue. Pero al preparar mi intervención, me he dado cuenta de que mi discurso también se apoya o se enreda en el hecho de haberme ocupado de la «secretaría de carteles y otros colectivos de trabajo». La cuestión del Más-Uno es un punto de partida y el hilo conductor de dos periodos significativos de nuestro trabajo: el primero cubre los seis primeros meses transcurridos entre nuestro primer encuentro y la declaración del cartel ante la escuela (noviembre de 2010-junio de 2011), y el segundo periodo lo que ha sucedido hasta hoy.
La elección del Más-Uno es un momento específico de la constitución de un cartel. Sucede que esta elección del Más-Uno se transforma en búsqueda del Más-Uno, y que esta búsqueda resulta infructuosa; al menos en apariencia, puesto que otros descubrimientos y otros hallazgos siempre pueden ver la luz.
Hace poco más de un año, nos encontramos cuatro personas que queríamos trabajar en cartel. No nos conocíamos mucho, o nada en absoluto. Dos de nosotros se ocupaban en aquel momento de la secretaría
«de carteles y de espacios en la escuela», así denominada en los estatutos antes de convertirse en la secretaría «de carteles y otros colectivos de trabajo».
Desde entonces, me encuentro ocupándome de ella a mi vez con Florence Chevrant, quien también está comprometida en un cartel que se ha apoyado en el mismo texto —El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada2, cartel que también comenzó a constituirse en el mismo periodo que el nuestro. Estos dos carteles han surgido, entre otras cosas (porque no podría reducirlos a eso), de cuestionamientos compartidos por las tres personas ocupadas en la secretaría de carteles. A esto se añadieron los cuestionamientos individuales sobre el cartel como estructura de la escuela y de trabajo, tal como cada uno de nosotros podía plantearlos y que nos interesaba poner sobre nuestro pupitre. Así, la cuestión de los carteles
en la escuela o la cuestión de los carteles como cuestión de escuela se invitó como pregunta en el cartel.
Digo «yo» y «nosotros» porque es un cartel de cuatro personas. Y lo que presento aquí no es una producción colectiva, aunque esté perfectamente vinculada a lo que sucede colectivamente en este cartel, y de lo cual la presentación de hoy ilustra algo. Pero es con el acuerdo de los miembros del cartel que les expongo esto.
Nos reunimos, pues, y nos elegimos para formar un cartel juntos. Nuestro primer encuentro en noviembre de 2010 nos permitió identificar dos primeros elementos: nuestra pregunta de partida y un texto presuntamente idóneo para trabajar dicha pregunta.
En la continuidad lógica de nuestra puesta en marcha, abordamos la cuestión del Más-Uno. ¿Cómo íbamos a elegirlo? ¿Teníamos algún nombre en mente? ¿En qué elementos debíamos apoyarnos para hacer esta elección e interrogar a la persona concernida? ¿Debíamos incluso discutir criterios o debíamos limitarnos a nombres posibles? Todas estas preguntas y otras, a veces más vertiginosas de lo que había previsto, se desplegaron. Y con ellas, como si nada, lo que se convertiría en nuestra pregunta en forma de problema: nuestra Búsqueda del Más-Uno.
Acordamos rápidamente que se solicitaran nombres de posibles Más-Unos siempre que estuviéramos de acuerdo en los nombres en cuestión, o al menos que ninguno de los cuatro pusiera objeciones. Así, uno por uno, se contactó con posibles Más-Unos. Cada uno a su vez respondió negativamente.
Pasan las semanas desde nuestra primera reunión, la lectura del texto ha comenzado y ya nos ocupa más allá de lo que probablemente percibimos. Los prisioneros nos miran tanto como nosotros los observamos3. Las respuestas negativas se suceden. Las recibimos poco a poco como rechazos; empiezan a tener ese sabor.
Proseguimos con esta constitución del cartel, cuya búsqueda del Más-Uno y su hallazgo marcarían una etapa determinante, necesaria para que pudiéramos después declararnos ante la escuela.
Diez rechazos más tarde, nuestra lista de Más-Unos potenciales disminuye y nuestros interrogantes se multiplican: ¿encontramos una dificultad debido a la elección del texto? Es cierto que, al haberlo iniciado, experimentamos toda su densidad e imaginamos que pueda resultar disuasorio. Que sea idóneo para tratar la cuestión de los carteles nos parece evidente, sin que podamos decir por qué con precisión: ¿quizás tiene efectos que nos superan? De círculos negros en círculos blancos, de comprensiones fugaces en impases, también nos miramos trabajar, juntos, y nos decimos que sería una lástima no lograr salir de este aprieto, no lograr constituir este cartel
en tiempo y forma. Pero ¿cuáles son las normas, cuáles son las prácticas? ¿Podemos inventar y arriesgarnos a extraviarnos?
Nuestra situación inicial, el haber estado y estar ocupándonos de la secretaría de carteles y otros colectivos de trabajo en la escuela, sin duda ejerce su efecto, pero esclarecerlo sigue siendo difícil: ¿estamos inhibidos o impedidos por algo que supondría para nosotros o para los demás un peso, el peso de la cuestión de los carteles como cuestión de escuela, tal como un cartel podría verse atravesado por ella, tal como nos habríamos dejado atrapar por una cuestión de la escuela, invisible para nosotros e insoportable para este cartel con dificultades de constitución? Esta pregunta permanece íntegra hoy.
Se nos dirige una propuesta: «Son cuatro, ¿entonces por qué no elegir al Más-Uno entre ustedes?». Hacía cerca de dos meses que la habíamos evocado entre nosotros y que la habíamos dejado de lado en un primer momento, privilegiando la continuación de nuestras peticiones más allá de nosotros cuatro, esperando que alguien aceptara, esperando evitar tratar esta posibilidad que nos pareció de entrada compleja y teñida de imposible.
Es que ya hemos constituido algo a partir de los cuatro iniciales que se eligieron. La llegada de un Más-Uno nos sería muy útil. Nos evitaría tener que responder a las otras preguntas que surgen: ¿Cómo pasar de un proyecto de (4+1) a un proyecto de (3+1) sobre la marcha? ¿Bajo qué condiciones? ¿Con qué efectos? Si continuamos como estamos, siendo cuatro, ¿constituimos un cartel?
Pasar del proyecto (4+1) al (3+1) implicaría que se hiciera posible hacer aparecer al Más-Uno de donde estaba, pasar de (4) a (3+1): es nuestra primera hipótesis. Así pensada, la estructura del cartel se revelaría poco a poco, en curso de constitución, en un cierto momento de nuestra progresión en el trabajo, allí mismo donde lo vivimos como un obstáculo, un impedimento para el cartel mismo. El cartel quizás ya se ha constituido y se deja leer poco a poco. En caso contrario, estamos pendientes de la aceptación de alguien para ser el Más-Uno del cartel: es nuestra segunda hipótesis.
Con el paso del tiempo, la experiencia nos ha ofrecido y obligado a considerar la primera hipótesis, aquella en la que el Más-Uno podría aparecer desde los cuatro iniciales. Si aparece, es porque podemos darle forma a partir de lo que ya es y porque funciona: queda por saber cómo. ¿Basta con discutir y adoptar juntos los argumentos teóricos de la posibilidad de la aparición del Más-Uno sobre la marcha para que nada de los efectos de esta extraña constitución marque el trabajo venidero? ¿O debemos precisamente dejarnos trabajar por este extraño asunto y considerar los efectos futuros?
Designar al Más-Uno invita a que su función sea eventualmente discutida en detalle y es una oportunidad para quien quería trabajar en cartel sobre los carteles. Pero no podemos esperar a agotar esta cuestión para que el Más-Uno sea designado. Por lo demás, observo en mis notas que en esta etapa la elección del Más-Uno se escribe como designación.
¿Podemos más fácilmente designar al Más-Uno a partir de la propuesta de cada uno de los cuatro que daría un nombre según nuestro modelo de modalidad de elección inicial? Ese Más-Uno no podría ser elegido por el conjunto de los cuatro iniciales a menos que se designe a sí mismo antes de verificar que los otros tres lo designan igualmente. Impasse por ese lado también.
Repasamos algunos escritos y relatos de experiencias sobre el sorteo y los carteles. Esta posibilidad se evoca históricamente en ciertos lugares bajo la denominación de «carteles aleatorios». Se trata en cada ocasión del recurso al sorteo para reunir a los cartelizantes iniciales, antes de la elección del Más-Uno. El n.º 2 de los Carnets de la EPSF dedicado a los carteles y a los espacios lo evoca en varias ocasiones como una solución que no lo es. En el n.º 20-21 de Ornicar?, un extracto informa de una respuesta de Jacques Lacan a Pierre Soury sobre el sorteo para la designación del Más-Uno; la respuesta es «no, los cuatro que se asocian lo eligen4 ».
Del mismo modo que mantenemos el habernos tenido que elegir nosotros cuatro para formar el cartel, sin sorteo, ¿en este nivel y sobre este punto preciso, el azar vuelve a ser quizás nuestro aliado para salir de lo que se nos presenta bajo la forma de un impasse? Pero al encomendarnos al azar, ¿no se encuentra el Más-Uno del cartel más designado que elegido, y por un medio poco adecuado o contrario a la estructuración del cartel? ¿Es molesto? ¿Es incompatible con las modalidades de elección originales donde los cuatro iniciales eligen a su Más-Uno de común acuerdo? ¿Se trata de un común acuerdo en cada ocasión?
Seis meses después de nuestro primer encuentro, nos hemos acercado a múltiples preguntas que se inscriben como otros tantos puntos de trabajo que el cartel se propone para el futuro. Pensamos que ya no tenemos elección, y que hay que intentar ver más allá qué podría surgir, que hay que decidirse —quizás como los prisioneros— ya sea para que resulte esclarecedor en términos de posibilidades o bien para que sea una enseñanza sobre las imposibilidades. Realizamos el sorteo el 3 de mayo de 2011 y declaramos el cartel ante la escuela bajo el título «Tiempo lógico y cartel» (correo de la EPSF del 26 de mayo de 2011). El sorteo se realiza según una cierta circularidad: uno escribe los cuatro nombres en trozos de papel, otro pone los papeles en un «sombrero», otro los mezcla, otro saca al azar un papel con un nombre.
Una palabra sobre el título «Tiempo lógico y cartel». Cabe preguntarse si este objetivo de trabajo no nos ha puesto a prueba: allí donde hemos intentado poner la lógica del cartel en el centro de nuestro objetivo, es ella la que nos mantiene a raya.
Pero volvamos al sorteo.
¿Qué ha producido esto? Durante varios meses, no volvemos sobre ello y proseguimos nuestro trabajo, como si nada. Abordamos diferentes textos para desplegar lo que los tres prisioneros nos invitan a pensar.
Después, poco a poco, a través de estos textos, entre ellos Situación del psicoanálisis en 19565, volvemos a abordar, o debería decir que somos abordados de nuevo por «el Uno-de-más», los «electrones» y «los números dos» que son siempre «números uno»: otras tantas vías de acceso al Más-Uno que se imponen y nos relanzan.
¿Qué ha pasado en el intervalo? Hemos podido darnos cuenta de que funcionábamos en un modo especial de trabajo, un modo en el que la mera suficiencia de un grupo no basta para explicar que un miembro ausente nos haya paralizado durante una reunión. Y también cuando se han producido ciertos acontecimientos de los cuales sería extraño no percibir, si no una sinergia (de la que nos mofamos), al menos una correspondencia entre nosotros de los efectos de transferencia de trabajo.
Surgen entonces, en el tiempo posterior al sorteo, nuevas hipótesis. ¿Estamos ante un Más-Uno en negativo que no se designa en el sentido de ser elegido como tal al principio, pero que sin embargo ya opera entre los cuatro del cartel y que el sorteo instituye al poder designarlo mediante la inscripción del cartel ante la escuela? ¿Este Más-Uno en negativo ha sido quizás constituido por las respuestas negativas, desde el primer nombre que dijo no? Estos diez rechazos quizás han trazado el lugar del Más-Uno, un Más-Uno-faltante o en hueco al que hemos dado forma o consistencia inscribiéndolo entre nosotros cuatro después de haberlo hecho emerger.
En cada sesión de trabajo, compartimos el último rechazo recogido hasta la fecha por uno de nosotros y proseguimos el trabajo cada vez, con el Más-Uno que aún no estaba allí, y que seguía sin estar, pero que ya estaba en marcha. Iniciamos el trabajo apoyándonos en su ausencia en función.
¿Quizás no es sostenible para un cartel estar estructurado de esta manera? Entonces percibiremos sus efectos. Decir algo al respecto hoy puede ser ya uno: un efecto de cartel, pero también quizás un efecto del cartel tal como es y tal como no es. Esta presentación puede funcionar como la puesta al día de un periodo de trabajo que resultó ser una especie de crisis.
La elección del texto nos arrastró, el sofisma se apoderó de nosotros, y es desde dentro, sin posibilidad de hacer venir nada del exterior, como nos las apañamos con nuestras suspensiones, entre tiempos de parada y tiempos de posibilidad, esperando a veces comprender, y todavía muy lejos del momento de concluir.
¿Y el lugar de la escuela en todo esto? Desde nuestra constitución, la cuestión de los carteles articulada a la cuestión de los carteles en la escuela se han mezclado. El hecho de que sigamos vinculados a la secretaría de carteles a través de uno de nosotros mantiene sin duda a la escuela en el cartel de una manera singular. Mi intervención de hoy es un ejemplo de ello. Es precisamente con la preocupación de la secretaría por que la escuela sostenga el trabajo de los miembros a propósito de los carteles como ha ido avanzando poco a poco lo que, atravesando el cartel y causándole un cierto efecto, se ha convertido en esta presentación. La oferta se ha transformado en un empuje al trabajo. Primero pensamos que nada estaba listo para ser presentado, luego que este tiempo de puntuación podía resultarnos interesante para el futuro. ¿Debe un cartel estar en el momento de concluir para tomar la palabra o puede hablar en un cierto momento para comprender? Planteo esta pregunta habiéndola respondido ya porque creo que es una de las formas de avanzar con preguntas que interesan a la experiencia de cada uno.
Escribir estas líneas me ha inspirado otra idea. También podría considerar que, al tomar hoy la palabra sobre esta cuestión, el cartel devuelve a la escuela un fragmento de lo que se había llevado consigo, un fragmento de la cuestión de los carteles como cuestión de escuela: ese polizón que no ha permitido a ningún otro tripulante, en nuestro caso, subir a bordo cuando los invitamos y del cual esperamos quizás una caída o una transformación para pasar a lo siguiente.