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Falsos visionarios identificados, la radicalidad sienta bien a las sepulturas
Publicación en internet, agosto de 2020
A fuerza de ignorar la materia identitaria, para preferirle la identidad cosificada —cada día con mayor intensidad— los portavoces que se exclaman en todas direcciones, a favor y en contra a la vez, ora sobre su libertad ora sobre su dolor, reivindican sin matices la legitimidad de su discurso de homenaje o de celebración, cegados por su revisionismo. Esto resulta flagrante en las agitaciones mediáticas y políticas recientes a propósito de las denegaciones de justicia inmundas que las discriminaciones sexuales, culturales, raciales arrastran como pruebas de su autenticidad, y no menos evidente en la réplica sísmica que las atraviesa en el instante de su emancipación discursiva.
Fundarse en la afrenta recibida es, ciertamente, una base incuestionable del devenir humano, sujeto. No salir de ella para abordar las tierras más firmes de una expresión liberada de la subjetivación termina por expresar sin confesarlo la fijación, neurótica y gozosa, de una adhesión al discurso del Otro. Los niños dicen no para decir sí, luego arriesgan el sí reforzado de la retirada fundadora que los ha comprometido entre los seres sujetos sobre las bases más preciosas posibles: aquellas que escapan a la clarividencia; se rechaza para afirmar.
Es entonces la marca de una elección deliberada, aquella que contesta reivindicando la cinética de los ataques recibidos para usarlos, con pleno derecho, como los demás. Pero ¿qué son esos otros tan pronto denunciados por sus fechorías, tan rápidamente despojados de sus armas compartidas en nombre de la radicalidad igualitaria? Donde se adivina sin dificultad el rechazo a renunciar a gozar, más allá del dolor recibido, del empleo a volver contra el agresor confundido con el sí mismo, tan seguros de no ser ya niños —si lo fueron no lo recuerdan, lo rechazan, lo desmienten.
¿Qué giro se ha perdido? ¿Qué comprensión se niega a compartir? Quizás, es una propuesta, el de un abandono consentido sin estruendo, ni productos luminosos, ante ese factor, tan caro a Freud, donde lo viviente que inspira lo biológico hace tope a lo viviente, y fuente para el imaginario que sabemos tan competente para recubrir lo imposible de lo real con un velo de mala trama eficaz para desmentir lo que siempre retorna en la realidad con el fulgor de la radicalidad —¿acaso hemos olvidado ya los actos de liquidación de las radicalizaciones aún en curso por todo el planeta? Falsos visionarios identificados, reclamando que se abata con la fuerza del juicio final la justicia que parece escapárseles —dondequiera que se encuentren, a uno u otro lado de la línea que tanto aprecian— y la venganza tan poco enmascarada que garantiza la liquidación de las expectativas insatisfechas caídas en el lecho de sus corrientes, miren o vayan a ver en sus reflejos si les queda todavía un poco de distancia con lo que toman por sus espejos.
Vincent Bourseul