Filosofar a tumbas abiertas (2024)

Filosofar a tumbas abiertas (2024)

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Filosofar a tumbas abiertas

 

Publicado en internet, marzo de 2024

Esto no es un análisis político, pretenderlo sería falaz. Tampoco es una propuesta filosófica. Es un texto en eco, en asociación con los efectos de una propuesta filosófica, desde la experiencia psicoanalítica, sobre la marcha (con los riesgos que ello conlleva).

 

Lo que hablar quiere decir

Las reacciones suscitadas por un extracto muy corto de la intervención de Judith Butler el 3 de marzo de 2024 en Pantin obligan a ver la totalidad de este evento público, disponible en línea y, más allá, a superar lo que no pensábamos lograr pensar antes de escucharla, a propósito del buzz que se desencadenó a continuación en primer lugar y, más seriamente, a propósito de algunos hilos de una elaboración minuciosa que se eleva frente a la actualidad bélica con esperanza de paz.

Mi propia reacción a ese extracto al principio, demasiado situada, demasiado afectada, fue la siguiente: ¿cómo puede la filósofa más leída del mundo correr el riesgo de ir demasiado lejos, con demasiada fuerza? Y arrastrar con ella a todos los demás comprometidos en su intento de pensar… Estaba indignado por los efectos posteriores a esta intervención, contra la propia oradora, y no poco. Muy enfadado e indignado. Algo excesivo había ocurrido, y de lugar solo había uno deslocalizado. Enfadado con ella también, como el efecto incontrolable de una tensión interna que busca su alivio. Luego, al dirigir mis recriminaciones a una hermana de luchas, el pensamiento se abrió para retomar cada hilo, retroceder en el tiempo unos meses, unas décadas, y retomar el trabajo esperando ser lo suficientemente exigente: identificar el proyecto de este evento de Pantin, interpretar el exceso incriminado con sus causas, considerar lo que no puede serlo sin soportar algunas dolorosas torsiones interiores.

 

Este 3 de marzo, tuvo lugar una reunión pública con el objetivo de realizar un ejercicio de alto nivel, desde mi punto de vista: filosofar a tumbas abiertas. El horror indecible de la situación actual en el Próximo Oriente lo exige, ante la Historia reciente, sin desmentir las enseñanzas de los episodios más lejanos tan determinantes para la vida de los pueblos de esta región, condenada así a sufrir por ser un centro del mundo político presente, el corazón fratricida de una gran parte de la humanidad.

 

A tumba abierta —en singular—, como expresión común de la lengua francesa, expresa la velocidad excesiva de una acción que pone la vida en peligro (conducir un coche a fondo y desafiar a la muerte).

A tumbas abiertas —aquí en plural—, puede inventarse a partir de la imbricación de las masacres, de las ejecuciones, de las acciones armadas criminales de las fuerzas presentes, desde hace 70 años y singularmente hoy, y mañana todavía… Las tumbas abiertas son las de las vidas sacrificadas el 7 de octubre, las del genocidio en curso en Gaza, todas habitadas por los fantasmas de la Historia.

 

Así, como toda toma de palabra, esta fue una auténtica asunción de riesgo, una propuesta de articulaciones ideativas que deben sostener nuestros esfuerzos de reflexión. La cadena significante puesta de relieve por Judith Butler en su enunciado subrayó los siguientes significantes: sionismo, antisionismo, antisemitismo, Shoah, instrumentalización, autodefensa, resistencias, feminismos. La enunciación subyacente se reclamó de un deseo de paz libre de los arreglos políticos estatales, en contacto con el horror del conflicto en curso.

El punto álgido, este 3 de marzo de 2024, de las propuestas de Judith Butler no es el que se ha retenido en el extracto difundido desde esa fecha para argumentar contra ella, en su persona, un delito de opinión. Conviene, por tanto, antes de valorar el momento incriminado, escuchar atentamente el conjunto de su intervención, y particularmente el inicio de este encuentro más que su final, que es lo que capta la atención.

Así, el punto álgido de esta intervención no es su supuesta conclusión, como suele ocurrir con los análisis políticos cotidianos sobre una cuestión cuya oscuridad habría que disolver marcándola con una retórica conclusiva. Aquí, creo, por el contrario, se ha intentado una propuesta más analítica que comprensiva, a riesgo de fallar, a conciencia, para evitar el error inconsciente de un encubrimiento demasiado cómodo encargado de ocultar lo que no se quiere ver ni saber. Me explicaré.

 

Anular, posponer, desplazar

Este encuentro del 3 de marzo carga contra sí mismo el haber sufrido primero una anulación para prevenir riesgos de alteración del orden público, complementada con amenazas hacia personas y también hacia el lugar cultural inicialmente previsto para acogerlo (Le Cirque Électrique), en el momento en que el Ayuntamiento de París consiguió impedirlo. Un impedimento que se convirtió en la fuente implacable de su inevitable relanzamiento, su persistencia y su desplazamiento. No iban a callarse sin llevar más lejos el difícil intento intelectual —pensar el horror de la guerra en su actualidad—, al que todos estamos llamados a enfrentarnos, y que este evento, previsto desde hace más de dos años, es decir, mucho antes del 7 de octubre de 2023, pretendía afrontar en su núcleo duro.

 

Pero toda anulación, y más aún si va seguida de un desplazamiento, no deja de tener consecuencias sobre las cuestiones intelectuales —por tanto, los objetos psíquicos— implicadas y las economías en las que están inmersas.

Tampoco deja de subrayar la maniobra subyacente, mecánica, de este impedimento impuesto contra el proyecto inicial de elaboración que buscaba el esclarecimiento del pensamiento mediante el recurso a las condensaciones, metáforas y coacciones impuestas a la lengua, a sus motivos y sus representaciones, tal como corresponde al esfuerzo intelectual pretendido.

Esto recuerda, de paso, la distinción bien conocida por los psicoanalistas lacanianos entre la metáfora y la metonimia, por tanto, de la condensación y del desplazamiento (según la propuesta de Lacan).

Forzada al desplazamiento, esta toma de palabra sufrió un intento de impedimento para trabajar en la liberación del deseo que actúa detrás del objeto que lo representa. Impedida también de abrir a la metáfora su objetivo de análisis de los deseos representados donde se ocultan (en las opiniones, los actos), y sustituirlos por todas las posibilidades imaginables (incluidas las peores), únicas competentes por la fuerza de las sustituciones —únicos procesos que el lenguaje pone a nuestra disposición para responder a la pregunta del sentido— para llevar un poco más lejos nuestra comprensión de estos acontecimientos históricos.

 

Habiendo fracasado parcialmente la anulación en su intento de rechazo total, como una forclusión decidida (como si esto fuera posible, pero la forclusión no es una acción consciente), resulta en un desplazamiento que impide y compromete a la vez el buen desarrollo del trabajo filosófico invitado a realizarse a plena luz, y su recepción más allá de su primer círculo en el gran público y más particularmente en la opinión pública.

Precisemos, resultó en un desmentido que golpea en primer lugar las palabras de aquellas y aquellos que debían pronunciarlas ese día (diciembre de 2023), y en segundo lugar sacude el discurso que vacila por todas partes (desde el 3 de marzo de 2024). Vemos sus efectos, el afecto se convierte en argumento para aliviar el conflicto psíquico, las emociones reclaman ser legitimadas, la situación se encona.

La sesión finalmente celebrada el 3 de marzo de 2024 estuvo, por tanto, atravesada y modificada por los efectos de desplazamiento mezclados con la anulación. Y lo que ha sido impedido, rechazado, siempre retorna y, cuando este retorno se efectúa en otro lugar y en un mismo tiempo (este tiempo decidido por el 7 de octubre que puntúa más que otros el curso de la historia), testimonia un rechazo por el desmentido, y expone en su retorno al horror puro, a su expresión, al despliegue de las sombras que encuentran su ilustración en las representaciones de palabras y de cosas encargadas así de realizar la reparación capaz de compensar el ataque ilegítimo inicial. Así cede el desmentido cuando surge (el saber rechazado en su retorno) a lo Imaginario, por tanto a la realidad y al cuerpo, bajo las formas del exceso o del desborde. No es que Judith Butler haya delirado, sino que la coacción impuesta a los sujetos presentes pudo fomentar actos de habla como avances salvadores, tal como los encontramos en la expresión clínica ordinaria.

¿Quizás esto se escuche en lo que dijo Judith Butler, acompañado de su comentario, con aire de haber cometido un acto (ver el vídeo) en el momento de: «Voy a tener problemas por haber dicho esto, mañana…»? En exceso, por tanto, tal como se da a conocer el saber repudiado con ocasión de su retorno aumentado por un estruendo, con la insolencia de la simultaneidad que lo caracteriza —la experiencia psicoanalítica practica estos procesos a diario.

 

Tomar el horror en serio

Que el odio haya sido y siga siendo una vena oscura, que nutre los actos antisemitas tal como las reivindicaciones individuales y colectivas pueden reclamar —especialmente los del 7 de octubre de 2023, y otros—, no debe impedir la delicada penetración del esfuerzo de pensar en los meandros del horror, para detectar en él cada matiz, todos los rincones útiles para las aperturas necesarias para nuestra comprensión, incluso ante lo imposible y lo insoportable que, sin embargo, hay que intentar modificar en su textura para extraer de ella algunas partículas útiles para el progreso de nuestras articulaciones mentales, por tanto de nuestros progresos previsibles hacia la paz.

Hemos, por invitación de Hannah Arendt, mirado a Eichmann a los ojos, y hemos terminado por superar el horror de su interpretación hoy incontestable de la banalidad del mal. Fue necesario, para ello, captar las dimensiones del dominio de una ideología fascista sobre el libre albedrío de un ser, y cuestionarse a uno mismo a su vez para vislumbrar lo que no tenía rostro.

 

¿Qué interés tiene operar de esta manera? Es central: no ofrecer el desmentido como sucedáneo de sacrificio en el altar de la segregación. Tal era, desde mi punto de vista, la empresa del discurso de Judith Butler.

Sabemos que esta transigencia (alimentar la segregación mediante el desmentido) nos hace correr el riesgo de un retorno simultáneo del saber desmentido a lo Imaginario, por tanto a la realidad y a los cuerpos, en carne y hueso donde lo Real rechazado se deja mostrar en el umbral de lo Simbólico destripado: aquello a lo que se refiere el 7 de octubre, así como ocurrió con la serie de crímenes perpetrados durante los atentados de París llamados de Charlie Hebdo y del Bataclan en 2015 (terrazas, calles, comercios). No en su estructuración política, ni siquiera histórica, sino psíquica, inconsciente. Sobre estos, pude proponer la interpretación de un proceso de desmentido que se rompe en el instante de su levantamiento, desprovisto de las elaboraciones necesarias para el tratamiento de los saberes implicados, cristalizado en el tormento de los desplazamientos que encontré a finales de los años 90 en La Cité de La Muette en Drancy, en Seine Saint-Denis (cuando trabajaba como educador de calle), relicario de los desmentidos de la Shoah y de la Guerra de Argelia, en lo que respecta a Francia. .

A los recientemente ocurridos y actualmente en curso (crímenes) para la actualidad en cuestión, el esfuerzo a realizar es, por tanto, equivalente al trabajo del sueño: condensar para mantener viva la posibilidad de las creaciones insensatas útiles para el desenlace de los golpes asestados al sentido por las maniobras imaginarias autónomas para defendernos de lo insoportable, de lo impensable y de lo indecible de lo real. Debemos soñar el horror, y no con el horror, para despejar nuestro cielo común.

 

Cuestión de palabras, palabras por hacer

¿Resistencia o reacción armada? Ahí quizás yace lo que estorba a nuestros imaginarios semánticos y a nuestra Historia. Hablar de resistencia, en Francia como en cualquier otro lugar, convoca una Historia más singular que común. Eso desgarra el entendimiento, siempre.

Si Judith Butler hubiera dicho «reacción armada», habría sido más dulce para los oídos de todos, de todas partes.

Pero eso habría omitido la desconfianza salvadora que conviene adoptar cuando intentamos desenredar lo que nunca podrá serlo del todo. Puesto que un resto se hará sentir tanto como preside de entrada nuestros intentos de esclarecimiento. Todos tenemos que lidiar con ello (ese resto), apañárnoslas con el embrollo de los hechos, bordear el abismo de la vacuidad subjetiva demasiado encarnada en las guerras, siempre ilustradoras del desborde impuesto por la carga pulsional (en su dimensión de muerte). No es útil convertirlo en un adoquín o una cábala fallida contra nadie. Ese resto no pertenece a nadie, pero nos agita a todos inconscientemente. Es lo peor, así como lo peor constituye el centro para todo ser, y más aún para todo sujeto.

 

El vídeo del evento del 3 de marzo lo muestra muy bien. Judith Butler propone algo sencillo y perfectamente aconflictivo: si es posible calificar los actos cometidos el 7 de octubre de «terroristas» o de «antisemitas», entonces debe ser posible también calificarlos de «resistencia», incluso excluyendo las dos calificaciones anteriores en el momento de abrir el campo discursivo, de lo contrario la ocultación semántica y significante auguraría un desmentido defensivo peligroso para el futuro, el día de su levantamiento.

No se trata de una calificación reivindicativa o judicial, ni siquiera sociológica o política, sino, desde mi punto de vista, de una acción de tipo performativo sobre los mismos significantes, tal como Judith Butler, retórica en particular, nos ha invitado desde hace tiempo a seguir su práctica filosófica en este modo.

¿Quién quiere todavía —o todavía lo necesita para acercarse a la estrella, rozarse con ella o bien cobrársela como inquisidor/a— sorprenderse por Judith Butler y fingir idiotez ante su propuesta, quizás demasiado pedagógica al final, para oídos replegados por la pena y el espanto?

 

Si el término «paz revolucionaria» (título de este evento) puede dejar entrever su equívoco, es porque hay que poder adoptar los puntos de vista tan diversamente implicados: el 7 de octubre es 1 — terrorista para el Estado israelí y las poblaciones, 2 — antisemita para todos los judíos que se ven afectados por él o para cualquier combatiente/terrorista en la maniobra que reconozca en él su motivación fanática, 3 — resistente para quien detecte en él, con o sin medida, la naturaleza de una acción que expresa en el horror un movimiento de reacción contra una opresión, un levantamiento (colonización, segregación), en un contexto de guerra.

Pero el equívoco es, para los psicoanalistas en particular que lo frecuentan asiduamente, una potencialidad delicada de manejar, tan peligrosa como la nitroglicerina, cuyo empleo en público expone a la filósofa a los puntos de interrupción del discurso hasta la fecha (Annie Ernaux pudo, al brindar su apoyo a Judith Butler, precisar que para ella aún no era el momento de hablar de resistencia armada), sin presagiar sus desplazamientos futuros bajo los efectos de presiones semánticas útiles no para el apoyo de un proyecto político predeterminado (tan presente en las mentes convencidas de la solución política a exportar como imperialistas intelectuales), sino para nuestra exploración lo más universal posible (por tanto, múltiple) de los fenómenos presentes. Por eso digo que la intervención de Judith Butler fue, hasta la fecha, más analítica que comprensiva, lo que sin duda la atrajo lo más cerca posible de las líneas de ruptura insoportables que pueden parecer reforzar o justificar los pasos al acto cuyos motivos, sin embargo, es necesario recoger todos, incluidos los más insoportables.

No se trataba, creo, el 3 de marzo de 2024, de decir qué habría sido necesario para que el 7 de octubre de 2023 no ocurriera, ni de avanzar sobre lo que habría que hacer para que las cosas vayan mejor allí, sino de acentuar el desgarro en sus detalles donde se ocultan las razones que convendría no dejar que fueran desmentidas a riesgo de sus agravamientos posteriores. Las poblaciones palestina e israelí, musulmanas y judías, no inventarán soluciones sostenibles sino haciéndolas germinar, no sobre las tumbas abiertas, sino en palabras y pensamientos fracturados representantes de los actos a transformar por el trabajo del pensamiento. Quizás podamos mantener contra nosotros mismos la exigencia que ya es la suya.

 

Desmentido psíquico y político

Donde se ejerce la violencia, por muy explicable o legítima que sea, obliga al esfuerzo filosófico y analítico a seguir paso a paso las vías abiertas por sus estallidos, en charcos de sangre, para fomentar allí, para implantar la potencialidad de una vía de paz; tal era, creo, el proyecto más amplio de esta discusión pública.

Detrás de los fusiles, los pensamientos intentan aquí inseminar lo que hará, posiblemente y sin garantía, la inoculación del virus de la transformación en el corazón enérgico mismo del horror para llevarlo hacia horizontes de reconstrucción, de invención esperada tanto como necesaria. Esto se ha hecho, excepcionalmente, al riesgo y al precio de seguir el camino de las municiones criminales —las de las ofensivas, las defensas y las resistencias—, para no ignorar nuestra implicación decidida, inconsciente, para no añadir un desmentido al desmentido bajo el alto patrocinio de su formulación política tanto como psicoanalítica bien conocida actualmente en Francia bajo la presidencia de Macron: y al mismo tiempo (El levantamiento de un desmentido se realiza en el tiempo y en otro lugar. Se distingue del retorno de lo reprimido que se efectúa en un mismo lugar en otro tiempo. Es también la marca del desmentido perverso).

 

Entonces todo está abierto, como las tumbas (sin sepulturas para muchas de ellas), y esto es insoportable. Puesto que los cadáveres se acumulan, podemos sostener nuestro deseo de paz sin retroceder ante nuestras propias implicaciones personales, en lo más profundo de nuestros pensamientos íntimos, donde conspiran y se comprometen a fuerza de dolores y desesperanzas.

 

A riesgo de fallar para evitar el error, esto es lo que escuché durante esta intervención. Como una invitación a no conformarse con un simple parecer, ni siquiera con una opinión. Intentar llevar más lejos el trabajo del pensamiento. Que al desplazamiento mencionado anteriormente pueda seguirle la oportunidad de nuestro desplazamiento interior, nuestro trastorno personal primero, para prevenir la intensificación de las segregaciones implicadas. Sostener el fallo para circunscribir el error común de la amalgama afectada. Un fallo asumido que ha sufrido el desplazamiento precitado hasta la expresión de un punto de horror que merece ser dicho para existir y ser tratado por fin.

 

Como en el análisis, en la cura psicoanalítica, aquí se demuestra la travesía esperada del velo fantasmático, tras el cual se erige como una catedral el Imperio del silencio abrumado de nuestras memorias, tanto para uno como para todos, individuales o colectivas, inconscientes o presentidas: lloramos en el lugar mismo de nuestra destitución subjetiva.

Curtidos en las eficiencias en desvinculación de la pulsión de muerte, ya que algo sabemos de ello, avancemos hacia el esclarecimiento de los más oscuros cimientos comprometidos en esta conflictividad fratricida. Porque lo que no sea escuchado no hará sino reaparecer de nuevo en nuestras realidades, compartamos o no opiniones, referencias, métodos o estilos.

 

No dejar la equívoco del riesgo que corre la vida bajo la acción a tumba abierta del 7 de octubre y lo que le sigue en Gaza desde esa fecha en particular, y filosofar a tumbas abiertas sin cerrar los ojos ante los escombros de un pedazo de tierra que sepulta sin mortajas los cuerpos de las poblaciones asesinadas, masacradas, capturadas.