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Mutatis Mutandis
Tarjeta de felicitación a algunas personas alarmadas
& Invitación a todos, todas y todes y a los demás
Publicado en internet, enero de 2023.
Asistimos a una ola epidémica de críticas, una marea de fondo contra la clínica del género. Las «cuestiones trans», segmento de las cuestiones de género, motivan una producción sin precedentes de reacciones, más raramente de elaboraciones, por parte del entorno psicoanalítico. He aquí, pues, una lista de observaciones y preguntas dirigidas a algunas personas alarmadas… psicoanalistas o personas afiliadas expertas en el inconsciente que se expresan con contundencia sobre «el peligro trans en curso», «la epidemia de transgénero» o la «fábrica del niño transgénero».
¿Qué han hecho durante estos últimos cuarenta años? Ustedes que, de repente, han tomado la palabra, desde hace poco, para denunciar riesgos, callejones sin salida, peligros relativos a las transiciones de sexo/género en sujetos mayores de edad, pero sobre todo en sujetos menores, y denunciar, a veces insultar, el trabajo de sus colegas comprometidos y comprometidas en esta clínica con menos estruendo que ustedes, a quienes califican, en ocasiones, de «transafirmativos/as».
Así es como me surge, en este fin de año, una serie de observaciones y preguntas para responderles de cierta manera, y para indicarles, también, que no les hemos esperado para ponernos a trabajar, seriamente, en el respeto de la ética psicoanalítica, resueltos a acoger a aquellas y aquellos para quienes decir se impone a fin de iluminar el deseo (cuya ambivalencia no se rechaza tan fácilmente como pretenden numerosas críticas), de interpretar los movimientos psíquicos en juego, identificar lo que conviene reparar y lo que debe ser creado también para avanzar hacia posibilidades de vivir.
Opositores y opositoras del mal llamado —por ustedes mismos— transactivismo (forma de denegar la clínica en curso y hacer creer en un combate ideológico), ustedes que parecen, según sus reacciones y comentarios, pensar que habría ahí un movimiento de expresión identitaria engañado por el fantasmático «sexo verdadero» cuya búsqueda es inútil (cierto, pero una preocupación continua de todos los sujetos, y de por vida), responsable de este cuestionamiento de los cuerpos sexuados y de los génerosdesexos (Geschlecht) con los que los sujetos no pueden evitar tener que situarse, como todo el mundo, en el paisaje sexual, apoyado (el transactivismo) por una falta de saber sobre lo sexual, aquel surgido de la experiencia psicoanalítica, especialmente sobre las lógicas inconscientes en juego en materia de sexuación, explíquenme un poco esto:
¿Cómo es posible que todas estas personas comprometidas en transiciones hayan pasado por alto esta prodigiosa aportación del psicoanálisis sobre lo sexual, hasta el punto de no haber podido asirla, especialmente durante estos últimos 20 años en los que el «fenómeno» se ha acentuado, y de elegir otra vía que no sea la de la transición, de las modificaciones médicas de los cuerpos y de las fisiologías (que ustedes llaman mutilaciones)?
¿Cómo no han sabido, niños, niñas y adultos trans interesados, apoyarse en este legado de más de un siglo, cuya superioridad de pericia parecen ustedes empeñados en confirmar con fuerza y valor, para revolcarse en la «moda» de los discursos disponibles en las redes sociales, despreciando su «verdadero saber» que les sirve de sexo?
¿Qué rechazan estas personas trans? ¿La verdad vacilante del sexo en el ser-hablante? ¿El psicoanálisis mismo como autoridad experta (no el hecho de ir a hablar con el analista, lo cual ocurre también, al mismo tiempo, para algunas personas)?
Explíquenme qué es ese «rechazo de la ambivalencia» del deseo, de la «interpretación» del fenómeno trans por las propias personas trans. No lo comprendo, porque nunca es lo que encuentro cuando recibo y acojo a estos y estas analizantes.
Porque vistas desde aquí, las agitaciones sin duda comprensibles, tal vez incluso legítimas, por parte de quienes denuncian un riesgo ligado a la propia reivindicación trans, merecen como eco otra interpretación en forma de preguntas:
¿Qué han hecho y qué han pensado en estos últimos cuarenta años, desde la muerte de Lacan, mientras se esclerosan las investigaciones psicoanalíticas sobre las actualidades sexuales tan numerosas y plurales, mientras los pacientes y las pacientes interesados son maltratados por el discurso médico y también por las prácticas médicas, por el discurso social, por la Ley?
¿Dónde estaban mientras las identidades sexuales eran percibidas en toda su extensión desde la emergencia de las luchas por los derechos de los homosexuales y las homosexuales, después de las personas trans, sin olvidar a las personas intersexuales relegadas a permanecer en el punto ciego de sus pensamientos y sus propuestas?
¿Qué han interpretado, hasta la fecha, de las enseñanzas apenas nacientes de lo que la epidemia de VIH-Sida ha generado sin que hayamos empezado realmente a extraer sus tesoros? … ¿No estaban muchos de ustedes a la zaga ante estas percusiones de lo Real donde nuestros saberes, nuestros referentes del orden de lo Simbólico, fueron expulsados del campo de la realidad aceptable por miles de sujetos enfrentados al cierre de sus contemporáneos? Porque sí, si hay una «epidemia» que puede empezar a enseñarnos, no es la del «fenómeno» trans, sino la del VIH-Sida, cuyas repercusiones se expresan en las actualidades sexuales, entre ellas, en particular, las ligadas a las transiciones, pero también al chemsex: habrá que empezar a admitirlo y estudiarlo más, las virosis tienen impactos en las identidades por alteración del estatus de lo identitario revelado en su naturaleza de trauma, las identidades colisionan: la gay supera a la homosexual, despojándola de su perversión para arrojarla, por desgracia, por la borda, y sustituirla por la creencia en el paso al acto donde el Acto ya no es reconocido; la trans emerge y encuentra una necesidad subjetiva, el trauma se modifica, las orientaciones del sujeto en la estructura también. Tenemos tanto que aprender de ello.
Y añadir, e interrogar lo que ustedes aportan al exponer sus reflexiones clínicas teóricas bajo el sello de una retórica demagógica que hace decir a J.-A. Miller, por ejemplo, pero no es el único, que los trans, después de todo, tal vez no tengan inconsciente (última publicación de la ECF, La solución trans, en Navarin); que los psicoanalistas, con estos pacientes y estas pacientes, se ven reducidos al simple papel de «terapeutas» que no pueden avanzar como de costumbre con sus saberes sobre el inconsciente, ni dirigir las curas con soltura en su objetivo, que parece no esperar más que la regulación neurótico-edípica de las masas (véanse las discusiones clínicas de esta misma obra para apreciar la Teoría cuando olvida su naturaleza de ficción); ¿que no habría más epistemología psicoanalítica que la de los «dos sexos» subrayada por Lacan, a la que algunos quieren confiar la excrecencia del «ni-ni» a modo de transportín, para confirmar la anterioridad y la supremacía de los supuestos «dos» primeros, mientras que la clínica cotidiana se sostiene con muchas otras cosas?
¿Qué es lo que desencadena esta alarma desde hace poco, cuando desde hace casi 50 años las personas trans siguen siendo blanco de marginaciones, asesinatos y denigraciones?
¿Dónde han estado todo este tiempo mientras numerosos psicoanalistas y otros clínicos necesarios (medicina, ciencias sociales y políticas, cultura) trabajan para establecer sus investigaciones científicas, sus elaboraciones teóricas, para defender tesis, abrir lugares de consulta, escribir artículos y libros, realizar seminarios, colaborar con profesionales voluntarios y motivados?
¿Han leído los trabajos que hemos producido?
¿Han preguntado a quienes están comprometidos y comprometidas con estas cuestiones y acogen, día tras día, desde mucho antes de que ustedes se preocuparan mediática e intelectualmente?
Parece que no, así que debemos retomarlo todo desde el principio…
Porque, sépanlo, todo lo que hemos aprendido les tranquilizaría en muchos puntos si se hubieran tomado el tiempo de consultarnos, de leer nuestros trabajos, de interrogarnos en lugar de actuar como si estuvieran, al tomar la palabra sobre estas cuestiones, en la inauguración de una reflexión sobre un fenómeno difícil de aprehender del cual serían los expertos titulares.
- Podrían saber que sí, la lógica de la sexuación —una escritura ante todo, antes de ser una lectura— sacada a la luz en tiempos de Lacan sigue vigente, pero su uso y su lectura han cambiado bajo el efecto de las actualidades sexuales donde tomamos la medida de lo Actual, de los efectos de saber, que ven cómo lo Real fuerza un tratamiento de lo Simbólico, y no ese odioso recubrimiento de lo Real por lo Simbólico que impide, lo cual ustedes ilustran en sus temblores.
- Sabrían que el psicoanálisis tiene una responsabilidad de primer orden en esta emergencia del género y sus cuestiones afines, desde que puso en circulación saberes sobre lo sexual que producen por doquier efectos de transferencia fuera de la cura, donde el género aparece, muy claramente, como un medio salvador de lidiar con el saber supuesto del que el sujeto padece antes de salir adelante un poco, construyendo soluciones nuevas —a falta de curas, con las curas.
- Podrían corregir sus pedagogías, necesarias sin embargo para la transmisión de los saberes psicoanalíticos, y dejar de hacer pasar el no-todo fálico por el envés de un todo-fálico imaginario, donde solo es útil para pensarlo como su comienzo, no como su contrario.
- Sabrían que sí, el Falo, en la lógica de la sexuación, se ha visto superado, en ciertas ocasiones, en beneficio del objeto a, abriendo así a una sexuación que opera fuera del Falo (pero no más allá del Falo), y que esto tiene consecuencias sobre la posibilidad de escuchar e interpretar, desprendidos de los hábitos adquiridos hasta entonces, lo que se presenta y se dice.
- Podrían saber lo que la a-sexuación —nueva perversión (¡por fin!), de lo fálico— invita a explorar más allá de las primeras elaboraciones del campo de la clínica borromea, para pensar las articulaciones subjetivas hechas posibles hoy, no bajo la influencia de los progresos técnicos y de las ofertas de la ciencia que cuentan, no obstante, sino mucho más allá de nuestros logros, hacia lo inaudito y lo aún no pensado que nos llega (el inconsciente no fue suturado por Lacan, que yo sepa).
- Podrían saber que la orientación sexual sigue sin tener sentido.
- Sabrían apreciar las sutilezas de las transiciones del fantasma de la identidad sexual, salida parcialmente de su objetivo hetero-patriarcal bajo el efecto de extensión de un fantasma a-pátrida, del cual queda por decir qué es, qué impide y qué permite.
- Sabrían que lo identitario, materia del trauma, no es para la realidad la identidad o incluso el sentido de los movimientos a reprimir de las reivindicaciones narcisistas incomprendidas desde el punto de vista sociológico al que podemos oponer una reserva ética. Permanece más bien como aquello que se rechaza, mediante lo cual la identidad se forja al no saberlo ya, aunque esté orientada por ello. Donde se cruza, no a lo lejos, con el goce fálico tal como se funda al articular con lo invisible, para el sujeto, lo que en la boca del individuo es masticado y rumiado como la punta avanzada de un objeto a defender y temer.
- Podrían saber la actualidad del sujeto que puede elegir su sexo a falta de decidirlo —decisión que pertenecería al campo de lo individual donde se subjetiva en colectivo el impacto de lo social donde los seres se mueven.
- Podrían saber que las transiciones de sexo y las de géneros se distinguen, que esto abre a investigaciones necesarias que les interesarían vivamente.
- Podrían saber que las transiciones nunca son fines en sí mismas, sino medios necesarios cuyos matices, oportunidades y callejones sin salida podemos apreciar.
- Podrían saber mejor sobre qué se expresan, tajantes, lagunares, en sus diatribas llenas de parábolas, yuxtaposiciones, hipotiposis y sinécdoques (véase en particular La fabrique de l’enfant transgenre, C. Eliacheff, C. Masson, L’observatoire).
- Podrían participar ya en nuestros trabajos de elaboraciones teóricas dirigidos a los progresos de las teorías psicoanalíticas, para asumir y sostener el futuro de un psicoanálisis menos asustado por los temblores del presente, sino feliz y entusiasta ante la promesa de su propia transición continua.
- Sabrían que al escuchar los trastornos y los cuestionamientos, muy a menudo, las soluciones contempladas por un tiempo solo persisten en ciertas ocasiones, raras finalmente, como constatamos en muchas otras dificultades para vivir que recibimos, a condición de acoger, realmente, sin berrear a voz en cuello o retrocediendo ante lo que la experiencia nos presenta.
- Nos ayudarían a retomar lo que en Freud y Lacan merece ser retomado, modificado, prolongado. Y podrían dirigir curas psicoanalíticas, como analistas, hacia las interpretaciones y las construcciones que sabemos posibles.
- Podrían debatir sobre esto: una cura analítica es necesariamente una transición de sexo/género, como síntoma, como agente o factor; esta transición es ineludible para la cura llevada a su término. De lo contrario, solo habría la identificación con el sexo/género/x del analista en lugar del síntoma, identificación con el síntoma al término de una cura que no ha terminado de decir lo que traga en lugar de producirlo. Las transiciones pueden modificar la sexuación, pero sobre todo la comprometen muy a menudo, no para comenzarla allí donde no había nada (sin sexuación), sino para esclarecer los términos de una sexuación que ha quedado inacabada, demasiado poco practicable, peligrosa… para el sujeto. A condición de no rechazar, ni retroceder, ante las modalidades nacientes de articulaciones lógicas bajo el efecto de lo Actual.
Sería sorprendente que la teoría psicoanalítica no soportara ser conducida más allá en la exploración de los continentes que siguen siendo negros en cada época donde algunos progresos se vuelven identificables, nunca acabados.
Puesto que no eludiremos este desafío, sin el cual el psicoanálisis desaparecerá suavemente al dejar de operar donde lo sexual se aloja, en su época, de modificar lo que debía serlo para existir, para sostenerse, tal vez podrían ponerse a trabajar. Lo digo con pretensión y descaro, exageración y grosería: sepan que perjudican, gravemente, las consideraciones mínimas de las que los sujetos deberían poder beneficiarse en esta época turbulenta.
Vamos, ánimo. Lo que debe ser cambiado puede serlo, 2023 puede seguir abriendo al Mutatis Mutandis del Psicoanálisis del siglo XXI. Tal vez habría que abrir un espacio de investigaciones clínicas y de elaboraciones teóricas psicoanalíticas nuevo, para ver si algo es posible fuera de los intereses institucionales (universitarios, políticos o expertos), de las ambiciones de carrera y/o de estudios y formaciones, o incluso de otras limitaciones ligadas a los ejercicios del poder que hacen de la transmisión del psicoanálisis un asunto de herencia y de fe —un espacio para los y las practicantes del psicoanálisis, por tanto: los y las analizantes y los analistas: todos, todas y todes comprometidos en la experiencia analítica.
Feliz año nuevo a todos, todas y todes y a los demás.
Vincent Bourseul,
(pensando en algunos otros de aquellos y aquellas con quienes el trabajo es posible).